SI NO QUIERES OTRO TRUMP !DEJA DE INSULTARLO!

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«No saben lo que significa Trump», «Se han dejado llevar por el sueño de un país que ya no existe», «Es racista», «Machista», «Putero», » Un niño mimado que forma parte de la elite»: la conclusión después de las elecciones norteamericanas para la mayoría de personas anti-Trump es que los electores norteamericanos -en realidad los electores norteamericanos que votaron a Trump- son idiotas, es decir, incapaces de tener una capacidad suficiente para emitir un juicio político. 

La palabra idiota proviene del griego ἰδιώτης (idiotes) para referirise al hombre que no se ocupaba de los asuntos publicos y que solo se ocupaba de sus asuntos particulares. En el siglo IV AC, la democracia ateniense contemplaba ciertas ayudas económicas provenientes de los impuestos para poder facilitar la participación política, de modo que se consideraba así despectivamente a quien renunciaba a implicarse en la vida colectiva que le afectaba pese a las facilidades dadas. Más adelante el latín recogerá ese mismo sentido despectivo de alguien ignorante, poca cosa, sin conocimientos, connotaciones que se extenderan durante el Renacimiento y provocaran que la medicina francesa del seglo XVII, en su clasificación de las deficiencias psíquicas o retrasos mentales, recoja el término idiota como categoría de deficiencia mental. Y así hasta nuestros días en que idiota se utiliza para denominar el comportamiento poco lúcido.

Si nos atendemos al significado original queda claro que los votantes de Trump no es que no sean idiotas sino que son todo lo contrario porque han ejercido su derecho y su deber democrático, han expresado su opinión -nos guste o no- mediante su voto. Es lógico que los que no lo votaron, los que votaron a Clinton o los que se sienten atemorizados por el crecimiento del populismo en todas partes se muestren consternados pero la superación de este fenomeno no se frenará demonizando, insultando, descalificando. En realidad gran parte del éxito de Trump ha sido precisamente gracias a los insultos y ataques recibido -incluso del bando republicano-, la reacción a su acción ha conseguido el objetivo que él perseguia: minimizar sus insultos. En cierto modo cada insulto que ha recibido Trump lo ha ayudado a configurar su papel de víctima y le ha sido tremendamente útil para situarse en su escenario favorito, una especie de «Solo ante el peligro», de Clint Eastwood  ante diez malvados pistoleros, de un David contra Goliat -recordemos que su presupuesto era la mitad que el Hillary o que las principales empresas bursátiles apostaban por Hillary.

Sea como sea lo cierto es que quien esté interesado en frenar victorias como las de Trump en sus respectivas próximas citas electorales debería en primer lugar dejar de tratar a sus votantes como idiotas, empezar a considerarlos como votantes tan cabales -o tan poco- como los votantes que eligieron a Clinton, procurar superar cuanto antes las reacciones escandalizadas, abrumadas, indignadas y que luego derivan en deslegitimación, descalificación, en menosprecio y en insulto al adversario. Quien no quiera otro Trump no debería caer en la provocación, en su estrategia -el altavoz mediático dispensado de forma gratuita, aunque fuera solo para denunciarlo, ha superado cifras récord de millones de dólares- sinó más bien en centrarse en la autocrítica profunda, en cultivar el respeto democrático al adversario -por difícil que sea- y por fomentar un análisis desapasionado del adversario. Sin duda dejar de tratar a sus electores como idiotas es el primer paso para evitar el próximo triunfo de otro u otra Trump. 


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Roger Sunyer es politólogo (UAB) y Máster en Dirección Pública (ESADE). Impulsó la introducción de la Banca Ética en Catalunya con la fundación de FETS - Finançament Ètic i Solidari. Es consultor de economía social, cooperativa, colaborativa y gestión pública, profesor de la "Nueva economía urbana" a los programas de Ciudad y Urbanismo de la UOC, autor de ensayos: Hacia una economía ciudadana y El Turismo ciudadano y sus enemigos. Y libros de ficción (catalán): El dilema existencial de Gerard Maler (en catalán) y Contes breus, brevíssims, d'escletxes i atzucacs (en catalán) | Twitter: @rogersunyer