¿Y SI APOSTAMOS POR LA VIVIENDA PÚBLICA EN VEZ DE CULPABILIZAR A LOS PISOS TURÍSTICOS?

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Últimamente es habitual oir y leer en varios foros la necesidad de seguir la estela de París cuando se habla del problema de la vivienda, de la falta de vivienda de alquiler y de la necesidad de garantizar el derecho a la vivienda.  Debemos señalar que en París, en 2014, el precio del metro cuadrado oscilaba entre los 23 y los 35 Euros en amplias zonas de la ciudad lo que trasladado por ejemplo al caso de Barcelona supondría que un piso de unos 80 metros cuadrados costaría entre 1.840 y 2.800 Euros de alquiler. Con un aumento de los costes de los arrendamientos de un 42% en la última década, el Ayuntamiento de París se volcó en aplicar la Ley Alur de 2015 (del acceso a la vivienda y la renovación de la planificación urbanística, por sus siglas en francés) para regular el precio del alquiler creando un precedente que otras ciudades quieren seguir cuanto antes. Las principales aspectos del modelo parisino se pueden resumir de la siguiente manera:

  • Objetivo: frenar el imparable ascenso de las cuotas de arrendamiento en la ciudad limitando las rentas mensuales de los alquileres y facilitar así el acceso a la vivienda a sectores de la población y evitar la expulsión -gentrificación- de buena parte de sus ciudadanos.
  • ¿Cómo? Desde el observatorio parisino de las rentas (OLAP) se han establecido unos valores de referencia para los distritos de París durante 2015. Este medidor, que diferencia entre las distintas tipologías de viviendas, ubicación y antigüedad, deja entrever que las cuotas oscilarán entre los 22 euros por metro cuadrado para los más asequibles, y alcanzarán los 31 euros/m² en los casos más cotizados. El propietario no podrá establecer un alquiler superior al 20% a la renta de referencia para su inmueble.
  • ¿A quien afecta? La norma afectará a los nuevos contratos y a los que se renueven con revisión de la renta desde el 1 de agosto de 2015.
  • ¿Cuál es el resultado previsto? Se calcula que podría disminuir la cuantía de las rentas de unas 60.000 viviendas parisinas.

El tiempo dirá el éxito de dichas políticas pero de momento podemos constatar que ya con la ley en vigor y por ejemplo con los índices estipulados a 1 de agosto de 2016, un estudio de 20m² construido antes de 1946 en uno de los barrios más caros de París, en Saint-Germain des Près (VIème arrondissement), no puede superar los 732 Euros sin muebles y los 820 Euros con ellos. Si se trata de un piso con cinco piezas de 100 m²  el alquiler no debería sobrepasar los 3.040 Euros, si está vacío, y los 3.400 si está amueblado. Pero si nos trasladamos a un barrio más popular como el de Père Lachaise (XXème arrondissement), el alquiler de un estudio de 20 m² construido antes de 1946 no debería superar los 620 Euros y los 694 si está amueblado. Igualmente un piso de cinco piezas en este barrio no debería superar los 2.890 Euros. No hace falta alargarnos en los ejemplos para comprobar que los precios seguiran siendo inasequibles para determinadas carteras. Pero es que además, el modelo París contempla un buen número de excepciones a los límites del alquiler. Los arrendadores podrán solicitar por ejemplo sobrepasar la renta de referencia si su propiedad dispone de características especiales. Para ello se tendrán en cuenta una serie de factores -llamados complementos del alquiler– tales como la disponibilidad de portero físico, disponer de una terraza, de buenas vistas o de un determinado número de habitaciones entre otros. Así por ejemplo, unas buenas vistas a la Tour Eiffel o en el caso de Barcelona, al mar, podría aumentar el alquiler en unos 100 Euros mensuales.

En realidad para muchos expertos el enfoque no parece demasiado correcto. Y es que parece obvio que en una economía de mercado el precio de cualquier recurso aumenta cuando la demanda supera la oferta. Limitar el precio no remedia la escasez del producto que se necesita, en este caso, la vivienda. Tal y como bien explica David Harvey el capital siempre encuentra la forma para conseguir rentas de monopolio. Y por ello mismo podemos preguntarnos que ocurrirá si la demanda en determinados barrios sigue siendo superior a la oferta, ¿Como se impedirá por ejemplo que se cree un mercado sumergido?, ¿Como se evitará que se exija en blanco y otra en negro? Y es que si la oferta de vivienda sigue invariable y el precio bloqueado es fácilmente predecible que emerjan otras formas de selección de la demanda: tipos de empleo, sueldo, etc…de modo que el mal que se pretende corregir seguirá existiendo (ya no digamos si se persiste como en el caso de Barcelona a culpabilizar a los pisos turísticos de la falta de acceso a la vivienda). Se atacan las consecuencias de la escasez de la oferta (los precios elevados) mediante medidas administrativas sin abordar las causas. Pretender considerar el modelo de París como la solución a procesos de gentrificación o de aumento de los precios no parece por lo tanto razonable. Y es que aunque en nuestras democracias se reconozca el derecho a la vivienda como un derecho fundamental su cumplimiento efectivo en un sistema económico capitalista es algo mucho más complejo. La pregunta lógica entonces sería ¿Y fuera? (del sistema capitalista se entiende). Probablemente su cumplimiento total solo podría darse en un sistema comunista que eliminase la propiedad privada de la vivienda y delegásemos en el Estado la decisión sobre donde nos tocase vivir. Sin duda esa sería una solución más lógica: desmercantilizar por completo la vivienda sacándola de las leyes del mercado y eliminando la propiedad privada. Claro está que ello comportaría un buen número de otro tipo de inconvenientes como por ejemplo que fuese el propio Estado quien decidiese -como lo haría, quien lo haría concretamente y en base a qué criterios se me antoja francamente complicado de imaginar- donde debemos vivir cada uno y en qué condiciones. 

Pero situándonos de nuevo en el escenario en el que vivimos, en economías de mercado, ¿Como deberíamos afrontar entonces este reto cuando es obvio que la ley del mercado, de la oferta y la demanda, genera situaciones de desigualdad graves? Sin duda la administración puede y debe tratar de mitigarlas, ya sea por razones morales y éticas o de cohesión y necesaria estabilidad social. Pero dado el precio de un producto aumenta debido a su escasez parece razonable pensar que la acción pública debería orientarse principalmente a producir más y por lo tanto a aumentar la oferta de vivienda pública. Más que intervenir en el precio del alquiler y a tratar de intervenir la lógica de un mercado que de un modo u otro va a seguir funcionando -se quiera reconocer o no-, debería aumentarse cuanto antes el porcentaje de viviendas públicas (en Viena es del 50% mientras que en Barcelona es solo del 2%) aumentando la disponibilidad del producto escaso.

Sea como sea la política de vivienda en una economía de mercado es un ámbito suficientemente complejo e importante como para que sea instrumentalizado políticamente como arma arrojadiza entre los de arriba y los de abajo, entre los viejos y los nuevos y muchos menos para escudarse en los pisos turísticos como causa del problema de acceso a la vivienda. En una economía de mercado, con la vivienda como producto mercantilizado -se compra, se vende, se alquila a empresas, a instituciones, a particulares…-, la gestión de la política de vivienda requiere actitudes políticas y públicas proactivas orientadas a la creación de grandes estrategias cooperativas entre todos los actores implicados (los distintos niveles de la administración pública, promotores, grupos políticos, ciudadanos), una acción pública y política orientada a invertir tantas energías como sea posible en la mejora de las condiciones sociales y económicas que impiden a tanta gente acceder (o mantener) una vivienda digna; y se necesita ante todo una gestión pública ambiciosa que más allá de la imprescindible redistribución de la riqueza aborde la gestión de la riqueza y muy especialmente la distribución de la capacidad para crearla, de modo que podamos avanzar individual y colectivamente hacia una auténtica economía ciudadana.

 


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