¿LAS NUEVAS ECONOMÍAS TERMINARAN CON EL CAPITALISMO?

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Desde la aparición de la dialéctica capitalismo-comunismo, ya en el siglo XIX, parece que cualquier persona que criticase a uno u otro modelo quedaba ubicada de forma automática como seguidor absoluto del modelo opuesto. Así criticar duramente al capitalismo comportaba ser situado en la órbita comunista y al revés, la crítica al comunismo suponía una vinculación directa a la galaxia capitalista. Después de la caída del muro de Berlín, de la victoria del neoliberalismo frente a la socialdemocracia, de la impotencia de las instituciones políticas para frenar el poder de grandes oligopolios, esta dialéctica simplificadora del pensamiento político sigue perfectamente vigente en nuestros días. Aunque ahora sea bajo una nueva forma, entre capitalismo neoliberal y anticapitalismo, la dialéctica parece imponerse de nuevo: si uno se muestra radicalmente crítico con el neoliberalismo puede ser fácimente clasificado como parte integrante de un anticapitalismo nostálgico del viejo comunismo y al revés, si uno se muestra crítico con el anticapitalismo o el neocomunismo fácilmente se le tacha de capitalista neoliberal.

Lo cierto es que buena parte del activismo social, político y económico, tan entristecido por el triunfo del neoliberalismo como totalmente reacio a caer en la nostalgia del modelo comunista revolucionario trata de superar la impotencia socialdemócrata buscando refugio en nuevas propuestas, en nuevos modelos que procuran mejorar el presente sin estar necesariamente apegados a uno de los dos modelos tradicionalmente en discusión (capitalismo neoliberal o comunismo). Más allá por lo tanto de una discusión de blanco y negro, de bueno o malo, de justo o injusto, emergen nuevos planteamientos económicos que más que ofrecer una nuevo modelo económico nítidamente estructurado, tratan de  presentar alternativas concretas, propuestas prácticas para superar los peores vicios del modelo capitalista neoliberal actual. Y es que aunque un comunista como Dios manda siempre considerará que no hay capitalismo bueno, el capitalismo tiene también sus versiones: no es lo mismo un capitalismo mercantilista -que defiende un estado proteccionista-, que uno corporativo -caracterizado por el dominio de grandes oligopolios-; un capitalismo mixto que trata de combinar la propiedad pública y la privada que un anarco-capitalismo que predica la necesidad de un estado mínimo -respecto por ejemplo a los servicios sociales asistenciales pero también respeto a la protección de las grandes empresas.

De entre sus distintas modalidades en la actualidad estamos asistiendo al dominio absoluto de su versión neoliberal, un planteamiento disfrazado de liberal, de una promoción continua del mito del mercado libre mientras el modelo se sustenta fundamentalmente en el control político de los estados e instituciones internacionales para que creen los marcos regulatorios adecuados en cada caso que garantice protección, estabilidad y crecimiento económico. Tal ha sido su persistente desarrollo en los últimos años que finalmente ha despertado una nueva ola de cambios simbolizado entre otros aspectos por la emergencia de las nuevas economìas, nuevas formas renovadas de aproximarse a lo económico surgidas de la urgente necesidad de responder a las carencias del sistema actual. Veamos muy sintéticamente algunos de sus rasgos principales: 

  • Economía cooperativa – Aunque el cooperativismo surge formalmente en el siglo XIX, parece ahora recobrar una cierto protagonismo como fórmula alternativa al capitalismo actual. La economía cooperativa es la actividad económica que desarrollan el conjunto de empresas creadas para satisfacer las necesidades de sus socios produciendo bienes y servicios y que impulsan un proyecto empresarial de manera conjunta. La participación de sus socios en la toma de decisiones -aunque sea proporcionalmente menor de acuerdo al volumen de la empresa-, en la distribución de resultados, no está exclusivamente vinculada al capital aportado para cada uno de ellos. La aplicación de los principios cooperativos promueve criterios de cooperación, de solidaridad y de una cultura empresarial que trata de combinar rentabilidad económica con rentabilidad social.
  • Economía colaborativa – La emergencia y consolidación de la tecnología digital está facilitando la conexión entre personas para el intercambio entre quien ofrece un producto y quien tiene una necesidad concreta. Mediante plataformas digitales podemos prestar, alquilar, comprar o vender productos o servicios. La economía colaborativa se presenta como un nuevo paradigma respecto a la forma de organización, intercambio e información para consumir, educarse, divertirse, viajar, financiarse, de manera conjunta, horizontal, directa y a menor escala sin tener estar sometidos a la tiranía de las marcas o de las grandes corporaciones. La economía colaborativa sin duda es una buena forma de activar recursos infrautilizados contribuyendo a minimizar el impacto ambiental, de facilitar el acceso a productos y servicios a personas que no podía acceder a ellos (alojamiento, transporte) o de facilitar el empoderamiento del ciudadano-productor.
  • Economía circular – El modelo económico actual (extracción, fabricación, utilización y eliminación) ha alcanzado sus límites y por ello la economía circular propone la intersección de los aspectos ambientales y económicos. Concretamente propone: que el residuo se convierta en recurso (todo el material biodegradable vuelve a la naturaleza y el que no es biodegradable se reutiliza);  el segundo uso  (reintroducir en el circuito económico aquellos productos que ya no corresponden a las necesidades iniciales de los consumidores); la reutilización (reusar ciertos residuos o ciertas partes de los mismos, que todavía pueden funcionar para la elaboración de nuevos productos); la reparación (encontrar una segunda vida a los productos estropeados); el reciclaje (utilizar los materiales que se encuentran en los residuos); la valorización (aprovechar energéticamente los residuos que no se pueden reciclar); la economía de la funcionalidad (eliminar la venta de productos en muchos casos para implantar un sistema de alquiler de bienes; terminada su función el producto vuelve a la empresa, que lo desmontará para reutilizar sus piezas válidas); la energía de fuentes renovables (eliminación de los combustibles fósiles para producir el producto, reutilizar y reciclar); la eco-concepción (considerar los impactos medioambientales a lo largo del ciclo de vida de un producto e integrarlos desde su concepción); ecología industrial y territorial (establecimiento de un modo de organización industrial en un mismo territorio caracterizado por una gestión optimizada de los stocks y de los flujos de materiales, energía y servicios).
  • Economía azul – La economía azul propone aplicar las más eficientes técnicas que la misma naturaleza nos aporta a las actividades humanas, produciendo con ello un nuevo modelo económico más sostenible en busca de un trato respetuoso del medio ambiente y unas mejores condiciones de vida para las generaciones futuras. La economía azul se contrapone a la «economía verde» porqué ésta no parece una opción asumible debido al alto coste de sus mecanismos de generación eléctrica y la repercusión de estos en los impuestos a los consumidores. Igualmente considera la economía verde es demasiado elitista ofreciendo productos ecológicos que respetan el medio ambiente pero sólo accesibles a una élite conservacionista con alto poder adquisitivo. Mientras la economía verde se basa en el papel de las instituciones y los gobiernos para tratar de reconducir la actual amenaza del cambio climático, la economía azul apuesta para que sea la propia sociedad la que se organice, proponga nuevas ideas y las lleve a la práctica.
  • Economía del bien común – La Economía del Bien Común se presenta como una alternativa tanto al capitalismo de mercado como a la economía planificada comunista. El proyecto parte de unos criterios generales pero debe ser un modelo abierto que debe construirse entre todos sus miembros. La economía del bien común se debe regir por una serie de principios básicos que representan valores humanos y a los que también recurren tanto la economía cooperativa como la colaborativa: confianza, honestidad, responsabilidad, cooperación, solidaridad, generosidad y compasión, entre otros. La economía del bien común propone incentivos (legales, fiscales…) a aquellas empresas que cumplan con esos principios y valores frente a aquellas que solo persigan el beneficio de modo exclusivo. Los indicadores de éxito económico deben considerar tanto los aspectos finacieros como los humanos de modo que podamos valorar el comportamiento de la empresa de acuerdo a su dimensión económica y social.

Si bien es cierto que en determinados ámbitos hay quien insiste en presentarlos como la superación definitiva del capitalismo, la buena-nueva que suplantará al maldito capitalismo y nos permitirá entrar en una nueva dimensión de justicia, equidad y libertad, la realidad es bien distinta porque si son alternativas de algo solo parecen serlo del capitalismo en su versión neoliberal. Sin ir más lejos una cooperativa agraria por ejemplo no es más que la cooperación entre capital privado (los agricultores de forma individual) que ponen en común ciertos medios de producción para el beneficio individual y colectivo; igualmente es ampliamente sabido que cuanto mayor es una empresa cooperativa más se asemeja su comportamiento al de cualquier empresa mercantil. Del mismo modo, la economía colaborativa también suele presentarse a sí misma como la superación del capitalismo, la reinvención ni más ni menos que de todo cuanto nos rodea, cuando lo cierto es que toda ella transcurre en y a través de las mayores y más simbólicas empresas capitalistas de la actualidad (Apple, Microsoft, Facebook, IBM, y un largo etcetera). Quizás por ello también hay quien considera la economía colaborativa como una etapa más del capitalismo, una nueva fase de innovación del propio capitalismo en su búsqueda constante de nuevos mercados, de nuevos espacios de actividad donde colocar los excedentes de capital.

Las nuevas economías no són por lo tanto alternativas al capitalismo en sí sinó en cualquier caso propuestas alternativas al capitalismo neoliberal, la respuesta a un capitalismo corporativo orientado al control político de estados e instituciones internacionales en beneficio propio, a un capitalismo sin conciencia de sus responsabilidades, de sus límites éticos, sociales y ecológicos. Todas ellas incluyen una crítica más o menos contundente al modelo actual de hiperconsumismo; más allá del diagnóstico de las maldades del sistema actual defienden la autorresponsabilidad, la asunción de responsabilidades, al no tener que esperar un modelo puro y perfecto que pueda sustituir de cuajo la realidad actual y convertirla en perfecta, son invitaciones a la práctica de nuevos hábitos de consumo, de gestión empresarial, de cambiar las cosas des de la propia iniciativa individual, de reivindicar la necesidad que el beneficio no sea la exclusiva finalidad de la empresa, la necesidad de incorporar como mínimo la doble rentabilidad económico-financiera y social para dimensionar el valor real de una empresa, son propuestas y modelos que promueven una cierta apropiación de los medios de producción (de forma individual y/o colectiva), ideas y propuestas en definitiva que exigen una democratización de la economía, el empoderamiento económico ciudadano que permita avanzar hacia una economía ciudadana, generada, controlada y orientada en sus efectos hacia ellos. Más que terminar con el capitalismo por lo tanto su vocación es mejorar el presente, con nuevas fórmulas, se llamen como se llamen, salir del bucle del debate dialéctico capitalismo-comunismo para empezar a hacer cosas, prácticas, reales y tangibles. 

Solo el futuro nos permitirá saber que capacidad tienen de consolidarse, que capacidad tienen para impactar globalmente, que capacidad tienen para que los ciudadanos apuesten por estos modelos, para saber qué tienen de nuevo y de viejo, de innovador y de legimitador del presente. Mientras no llegue ese momento las nuevas economías deberan hacerse un hueco en un mundo dominado por un capitalismo neoliberal y una creciente mentalidad anticapitalista con grandes dificultades para ir más allá de la protesta y la indignación permanente, con una mentalidad autodestructiva a la hora de construir grandes empresas alternativas y escalables, una mentalidad anticapitalista que quizás ignore por ejemplo que ya en el siglo XVIII el propio Adam Smith -proclamado padre fundador del capitalismo- consideraba primordial que las instituciones políticas intervinieran para garantizar un mercado realmente libre, para evitar asimetrías de poder, porque  el capitalismo debía ser una forma de liberarse -en una sociedad hasta entonces férreamente estamental-, una forma de poder conseguir autonomía económica que permitiese conseguir el pleno desarrollo humano. Por sorpresa de muchos la evolución posterior del capitalismo industrial y especialmente sus efectos sociales, éticos y ambientales probablemente también hubiera sido censurada por el mismísimo Adam Smith.

 

 

 


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