¿Y SI DISTRIBUIMOS LA PROPIEDAD PRIVADA?

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El debate sobre las virtudes o maldades de la propiedad privada es sin duda uno de los temas nucleares de discusión poítica desde tiempos remotos hasta la más reciente actualidad. En uno de sus extremos podemos encontrar quien la defiende acérrimamente considerándola la piedra angular de toda sociedad que se precie moderna y civilizada de modo que todo o casi todo debería ser privado (anarcocapitalismo y minarquismo) y por el contrario en el otro extremo hay quien la considera la fuente original de toda desigualdad social de modo que lo preciso y justo es eliminarla completamente solo considerándola cuando ésta sea colectiva y quede totalmente en manos del estado (anarcocomunismo y comunismo respectivamente). Pero más allá de estos posicionamientos totalmente opuestos se abre un gran abanico de posibilidades entre las que se haya el republicanismo que considera la propiedad privada como un medio necesario para garantizar la libertad propia y como elemento fundamental para construir un sociedad plenamente democrática. Veamos porqué:

Buena parte de la tradición política desde la Grecia antigua consideraba que los ciudadanos tenían el derecho a participar en la vida política cuando eran individuos libres, en el sentido literal que no dependían de otra persona para vivir. Esta definición es la que excluyó durante siglos tanto a esclavos, como a cualquier persona que estuviese sometida a cierto grado de servidumbre: niños, mujeres, extranjeros que no gozaban de la ciudadanía o los asalariados que el propio Aristóteles asociava a esclavitud¹Desde la democracia griega de los ciudadanos libres (propietarios en el sentido de no depender de un tercero) el desarrollo y profundización de la democracia no ha consistido en otra cosa que -mediante sucesivas oleadas y convulsos vaivenes- tratar de ampliar ese estrecho círculo de personas hasta llegar a nuestros días donde prácticamente todo individuo adulto es miembro con plenos derechos políticos independientemente de su propiedad privada, nivel de ingresos o riqueza particular². 

Sin embargo una vez conseguido el voto universal, en nuestras democracias modernas aumenta la percepción que la participación y la libertad política deben ir acompañadas de una equivalente libertad económica entendida como la no dependencia económica, que la ciudadanía para ser plena debe ir vinculada a la disposición de unos recursos económicos básicos. Desde la perspectiva republicana la disposición de estos recursos económicos es lo que permite autogobierno, autonomía e independencia económica que a su vez es lo que permite la libertad de pensamiento y de opinión, liberarse de situaciones de dominación o simplemente ser menos vulnerable a la coerción, presión o de coacción por parte de un  empresario, de un partido político, de un sindicato, de un determinado grupo de interés, de cualquier persona o institución social.

Quizás por ello subsiste en nuestras sociedades una larga tradición propietarista que defiende la propiedad privada (históricamente, de la tierra) convencidos que puede permitir las condiciones de posibilidad de la independencia individual que, a su vez, hace posible el ejercicio de la libertad política como el desarrollo personal. Es probablemente esta voluntad de libertad y autonomía la que empuja a un profesor universitario a conseguir su propia plaza en la universidad dado que la privatización de esa plaza para uso exclusivo -de él y de nadie más- le permite ser –en principio- independiente y por ello tener la libertad de investigar y aportar propuestas e ideas al margen de intereses y presiones (ello hace especialmente chocante ver algunos profesores universitarios bien protegidos con «su propiedad privada» realizando discursos contra la propiedad privada sin más); igualmente esa voluntad de libertad y autonomía es lo que empuja a una persona a crear su propia empresa, a impulsar su proyecto profesional particular o a una tercera a adquirir invertir sus ahorros o a través de un préstamo una propiedad, o finalmente tambíen es lo que motiva la aparición de un amplio movimento en favor de una renta básica universal.

Así pues, si de acuerdo con el planteamiento del republicanismo aceptamos que la independencia material es una condición innegociable para la independencia política podemos hacer dos cosas: la primera és optar, como Aristóteles y como el neoliberalismo más exacerbado-, por considerar ciudadanos como aquellos que son autónomos económicamente aceptando la exclusión de todas aquellas personas sin autonomía económica o bien apostar por un republicanismo democrático y avanzar hacia una economía ciudadana que trate de facilitar la propiedad privada entre tantas personas como sea posible para que tengan, como mínimo, un nivel suficente autonomía económica que permita a su vez el pleno ejercicio de su libertad política. Una política distributiva de la propiedad privada no debe por lo tanto limitarse a insistir obstinadamente en la importancia de la participación política de cualquier persona, ni tampoco se limitará a simple redistribución de la riqueza creada por unos pocos, sinó que tratará que todos los ciudadanos cuenten o puedan contar con la subsistencia material suficiente, procurará que cada ciudadano se apropie de ellos, que sea propietario de esos recursos, y facilitará que sea propietario individual i/o colectivo de sus propios medios de producción.

Al fin y al cabo, a diferencia de los extremos anteriormente mencionados (anarcocapitalismo que hace de la propiedad privada el único criterio y el comunismo que solo la considera cuando la gestiona el estado), en el republicanismo democrático la necesidad de preservar los bienes comunes y dotarse de servicios públicos básicos convive con la necesaria distribución de la propiedad privada como condición para avanzar hacia una economía ciudadana y contribuir al desarrollo de una democracia lo más libre y equitativa posible.

¹ Aristóteles, Política, Alianza Editorial. Cap. V. Madrid, 1993.

² Para una visión histórica del republicanismo -democrático- es recomendable ver los distintos artículos y libros de Antoni Domènech.

 


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Roger Sunyer es politólogo (UAB) y Máster en Dirección Pública (ESADE). Impulsó la introducción de la Banca Ética en Catalunya con la fundación de FETS - Finançament Ètic i Solidari. Es consultor de economía social, cooperativa, colaborativa y gestión pública, profesor de la "Nueva economía urbana" a los programas de Ciudad y Urbanismo de la UOC, autor de ensayos: Hacia una economía ciudadana y El Turismo ciudadano y sus enemigos. Y libros de ficción (catalán): El dilema existencial de Gerard Maler (en catalán) y Contes breus, brevíssims, d'escletxes i atzucacs (en catalán) | Twitter: @rogersunyer