¿SE PUEDE ESCAPAR DEL CAPITALISMO?

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Ya he escrito con anterioridad sobre quienes consideran que el capitalismo directamente deber ser destruido, también acerca de los que lo dicen mientras disfrutan plenamente de sus ventajas. En este artículo me propongo exponer la opción de aquellos que consideran que lo más coherente es simplemente y llanamente escapar de él.

En realidad esta mentalidad escapista ante una realidad que se considera abominable tiene una larga tradición. Sabemos por ejemplo que alrededor del año 300 DC el desierto de la Tebaida, en Egipto, estaba habitado por más siete mil personas practicando una vida de pobreza y abstinencia sexual huyendo de una humanidad apegada obsesivamente a lo material y a lo físico¹.

Desde entonces la lista de movimientos, grupos y grupúsculos que tratan de escapar de una realidad pecadora, criminal y deleznable es larga: desde sectas milenaristas, pasando por cátaros o grupos religiosos -fuesen amish, cuáqueros, rappitas, zoaritas o amanitas²- impacientes por colonizar el nuevo mundo para crear justamente eso, un “nuevo mundo”.

Más recientemente todos conocemos la voluntad escapista del movimiento hippie, de las comunas y de movimientos grupales que buscaban zafarse de la presión de una sociedad patriarcal, burguesa, conservadora y reprimida. Luego vinieron los movimientos New age y los neo-rurales acaparando un ingente número de personas que huían de una sociedad mercantilizada sometida a la dictadura del capital y del consumismo, donde el tener se impone definitivamente al ser.

Más recientemente proliferan por todas partes formas modernas alternativas que pretenden escapar del capitalismo a través de un posicionamiento político claro, directo y una voluntad anticapitalista: economías solidarias, movimientos de propiedad comunitaria, sistemas locales de comercio o trueque, espacios “autónomos” e incluso autoproclamados como “liberados” –ateneos, centros, ámbitos culturales, etc.Capitalismo

Si bien acostumbran a presentarse como formas alternativas en realidad acostumbran a ser más bien formas de escape –social, cultural, lúdico-festivo-, burbujas que viven en un entorno capitalista con intenciones en la mayoría de los casos muy nobles pero incapaces por otro lado–por falta de voluntad o de habilidad en función de los casos- de construir soluciones globales –eso sí, siempre por culpa del capitalismo, claro está.

Pero escapar del capitalismo también puede adquirir formas y conductas cotidianas, actitudes y dinámicas diarias que tratan de evitar directamente cualquier tipo de compromiso político o de vinculación a cualquier esfuerzo organizado de forma colectiva para mejorar la realidad social y/o económica. Podria considerarse por ejemplo mentalidad escapista la de aquel que decide concentrarse exclusivamente en su familia considerándola como espacio “liberado” donde las relaciones y los afectos no están mercantilizados y no siguen por lo tanto la lógica de la competitividad y del salvaje capitalismo. También podría considerarse escapista la actitud del que solo se centra en su trabajo o en sus largas excursiones en bici; la del que decide impulsar un estilo de vida de simplicidad voluntaria o la del que decide viajar para alejarse de todo harto de un mundo sin escrúpulos.Capitalismo

Sea como sean las distintas formas de escape suelen tener todas ellas algunos elementos comunes:

En primer lugar parten de una mirada catastrófica sobre la realidad. Ciertamente no faltan motivos aunque uno puede preguntarse cuáles de los males atribuídos machaconamente al capitalismo son exclusivos de él y no simplemente patrimonio de la humanidad desde sus inicios.

En segundo lugar un cierto remordimiento de conciencia ante la imposibilidad de cambiar el mundo de un plumazo de acuerdo a los propios principios que uno querría basados en el respeto y el amor al prójimo.

Finalmente y en tercer lugar, la asunción de la incapacidad de pensar individualmente y impulsar o particpar en procesos individuales o colectivos que permitan corregir errores y malas prácticas del presente.Capitalismo

Para la mentalidad escapista, claro está, aceptar la realidad y tratar de mejorarla es demasiado complejo y costoso. Al fin y al cabo para el escapista el sistema es demasiado grande y complejo para controlarlo,
además el escapista suele estar convencido que los poderes fácticos son demasiado fuertes para intentar compensarlos porqué se haga lo que se haga siempre activaran sus tentáculos para perpetuar sus privilegios. Para el escapista por lo tanto no tiene sentido corregir el capitalismo. Con su pesimismo deprimente cualquier cambio que se consiga es la prueba de que en el fondo nada va a cambiar. Y es que el escapista tiene grabada en la frente la frase de Lampedusa «todo debe cambiar para que todo permaneza igual». Por ello la mentalidad escapista considera que lo mejor, lo más sensato y cabal es escaparse, escapar de los estragos del capitalismo, y buscar un entorno protegido, donde todos probablemente pensemos igual y sobretodo donde lo mercantil no exista.

Ciertamente puede ser comprensible adoptar dichas actitudes en función de los «estragos» a los que uno haya sido sometido. Y en función de ello  puede ser comprensible la necesidad de aislarse temporalmente del mundo. Sin embargo parece menos razonable confundir escapismo con alternativa. Al fin y al cabo parte del exito del capitalismo es que permite la existencia de espacios anticapitalistas. En realidad puede incluso aprovecharse de ellos. Espacios singulares, innovadores, distintos, contraculturales pueden ser, tarde o temprano, susceptibles de extracción de suculentas rentas de explotación convirtiendo así ciertas formas escapistas en un simple segmento de mercado más –grupos contraculturales, vanguardistas, turismo alternativo, solidario, revolucionario, best-sellers anticapitalistas, películas, teatro, etc…

Por todo ello parece que solo nos quedan dos opciones coherentes para enfrentarnos a los retos que el capitalismo nos plantea: o tratar de destruirlo –al fin y al cabo parece lógica dicha opción si uno está del todo convencido que los males fundamentales de la humanidad provienen de él y solo de él- o bien vivir en él tratando de asumir la cruda realidad, tal y como es, con sus bondades y sus contradiciones, inherentes por otro lado a toda acción humana. Tratando eso sí de corregir los aspectos negativos y mejorables para facilitar crear condiciones de riqueza para uno mismo y para cuantas más personas mejor.

¿Vés alguna opción más?

 

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² Antonio Escohotado: Los enemigos del comercio (II), Barcelona, Espasa, 2012.


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Roger Sunyer es politólogo (UAB) y Máster en Dirección Pública (ESADE). Impulsó la introducción de la Banca Ética en Catalunya con la fundación de FETS - Finançament Ètic i Solidari. Es consultor de economía social, cooperativa, colaborativa y gestión pública, profesor de la "Nueva economía urbana" a los programas de Ciudad y Urbanismo de la UOC, autor de ensayos: Hacia una economía ciudadana y El Turismo ciudadano y sus enemigos. Y libros de ficción (catalán): El dilema existencial de Gerard Maler (en catalán) y Contes breus, brevíssims, d'escletxes i atzucacs (en catalán) | Twitter: @rogersunyer