LOS NUEVOS MUNICIPALISMOS

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Sea como reacción ante la crisis, sea por la propia maduración y evolución de las sociedades democráticas, lo cierto es que hay una proliferación imparable de protestas y manifestaciones de rechazo más o menos organizadas respecto a la dinámica política local y global desde de Seattle hasta Barcelona. Este movimiento local y global al mismo tiempo ha implicado la aparición de nuevas estrategias y nuevos proyectos políticos. Algunos de ellos explicitan su herencia de tradiciones ideológicas clásicas (anarquismo, comunismo, socialismo, mutualismo, etc) otros en cambio, tienen más reparo y se muestran más bien como una especie de restyling ideológico. En cualquier caso, tanto los proyectos que vienen de lejos como los proyectos que acaban de surgir convergen en la necesidad de renovar profundamente dinámicas fosilizadas en las instituciones políticas. Probablemente donde ésta ola se haya visto de forma más evidente es en el ámbito local y en las instituciones municipales: son los nuevos municipalismos.

Desde una perspectiva económica se pretende impulsar una desglobalización, una relocalización de sistemas socioeconómicos que emerjan ante las embestidas neoliberales (o supuestamente liberales) de las grandes corporaciones con la complicidad de instituciones políticas internacionales (Troika). Nuevos municipalismos que contemplan la organización local-ciudadana como un referente y que reivindican la necesidad de impulsar las economías locales, el cooperativismo en todas sus expresiones (redes de prosumidores, mercados sociales, cooperativas de trabajo, economías colaborativas, etc…) que quieren contribuir definitivamente a frenar la creciente desigualdad social sin poner en riesgo los límites que impone el planeta.

Unos nuevos municipalismos que invitan a repensar la política desde ella misma, buscando en su esencia. Desde la innovación y desde el constante esfuerzo por extender experiencias y laboratorios vivenciales al conjunto de la ciudadanía. Nuevos municipalismos por tanto decididos a actuar en el ámbito local para contribuir a cambiar el mundo global. Desde una perspectiva de la gestión política, aunque de forma heterogénea, diversas y en ocasiones incluso contrapuestas en algunos temas, los nuevos municipalismos están reivindicando la necesidad de impulsar las instituciones políticas desde el tejido social, desde abajo, desde los lados, desde donde sea, pero en la línea de avanzar hacia una gestión pública más cooperativa.

Habrá que esperar todavía para poder valorar si las nuevas maneras de hacer política han sido capaces de tejer las alianzas estratégicas necesarias para impulsar cambios estructurales, si tendrán el pragmatismo necesario para conseguir las mayorías que permitan consolidar estos cambios sin tener que ceder excesivamente en el proceso para alcanzarlas. Ciertamente sólo con el tiempo podremos valorar suficientemente si los cambios que se quieren impulsar han consolidado, si han arraigado y sobre todo si han servido para su propósito fundamental: construir los cimientos de una sociedad más justa e igualitaria y, en consecuencia, más libre para todos.


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