BILDELBERG ¿EL GOBIERNO MUNDIAL EN LA SOMBRA?

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El proceso de acumulación de capital se produce fundamentalmente a partir de la apertura de nuevos mercados para poder crear monopolios de donde extraer las rentas del capital. Es así como se produce un proceso de acumulación de capital que genera un proceso de concentración de las marcas en grandes grupos y grandes corporaciones. Es fundamental pues para los grandes oligopolios crear, construir y bloquear los monopolios impidiendo (por pequeños que sean) que micro, pequeños o medianos empresarios locales puedan entorpecer el crecimiento de los grandes grupos y al mismo tiempo superar tanto las barreras de los poderes públicos como los límites geográficos y sectoriales para que se puedan crear nuevos mercados donde definir a la vez nuevos monopolios.

Es así como se ha ido creando la clase corporativa, una clase producto del desarrollo del capitalismo en los últimos cincuenta años, producto de la gran acumulación de capital en grandes grupos corporativos. La clase corporativa tiene un altísimo nivel de conciencia de sí misma, que se traduce en una gran autonomía ideológica, la solidez de la que le ha permitido ejercer una influencia determinante en las políticas públicas de los últimos decenios. ¿Cómo? Pues, por ejemplo, a través del Grupo Bildelberg y la Comisión Trilateral.

No es de extrañar por tanto que el Grupo Bildelberg y la Trilateral sean organizaciones aristocráticas y oligárquicas. Nadie en definitiva los ha elegido para desarrollar su función: mantener su enorme poder y, en su caso, aumentarlo. Pero más que imponer su voluntad mediante conspiraciones, su actividad fundamental es construir la hegemonía de la clase dominante creando fundamentalmente consensos alrededor de sus líneas maestras (principalmente entre los agentes económicos) y luego creando las condiciones para que las ideas-fuerza se vayan imponiendo en la sociedad.

bilderbergPor este motivo tampoco no extraño que no sean pocos los jefes de gobierno occidentales o los presidentes de bancos centrales que hayan formado parte de su Comité Directivo o hayan sido invitados a una reunión del Grupo Bildelberg. Esta asiduidad sumada a la presencia de personalidades de la élite económica y política, como Kissinger o Rockefeller, junto con el secreto que rodea a sus reuniones han facilitado el terreno de la literatura complotista. Según ésta el Bildelberg sería el “gobierno mundial en la sombra”, la última secuencia de una reducida oligarquía que domina el mundo ininterrumpidamente desde la república veneciana … Pero hay que tener presente que a menudo las fantasías terminan trivializando un fenómeno muy real y que de hecho es común a lo largo de la historia, el poder y su gestión, porque a lo largo de toda la historia se han dado formas organizativas específicas no democráticas para mantener las condiciones de privilegio de un grupo determinado.

La cuestión pues fundamental que plantea el Grupo Bildelberg es de democracia. El hecho estas organizaciones estén configuradas por una minoría ínfima, procedente generalmente de unos pocos estados ricos y poderosos, que discutan a puerta cerrada impidiendo que se divulgue el contenido de estas discusiones y, especialmente, que logren influir en las decisiones de muchos países , incluidos los europeos, afectando a cientos de millones de personas, evidencia tanto la necesidad de construir poderes públicos democráticos como la conveniencia de democratizar la economía. La cuestión es, pues, aparentemente sencilla: queremos que un reducido grupo decida el destino de millones de ciudadanos o bien queremos que millones de ciudadanos decidan sobre su destino más inmediato?

Se trata pues una vez más que elegir entre ciudadanos a remolque de la economía especulativa o una economía ciudadana creada, controlada y orientada hacia el conjunto de la ciudadanía.


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