¿ESTAMOS EDUCADOS PARA PERMITIR LAS GUERRAS?

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Cada vez que hay un conflicto nos indignamos, nos escandalizamos y nos acostumbramos a volcar en todo tipo de actos y ceremonias orientados a reforzar los lazos de solidaridad y de pertenencia rotos por un acto de violencia brutal. Así, cuanto más contundente es el acto violento más contundente es el acto simbólico que organiza. Por un lado estos actos colectivos sirven para compartir y atenuar el sufrimiento por los estragos causados, por el otro sirven también para emitir un rechazo compartido contra la violencia y para reivindicar tanto la necesidad como el derecho a vivir en paz. Sin embargo, pocos días y pocas semanas después todo vuelve a la normalidad de modo que alguien se podría preguntar si este tipo de actos tan emotivos no sirven más para tratar de cerrar la herida que para tratar de resolver de una vez por todas los conflictos armados, se podría pensar incluso que sirven -aunque sea inconscientemente- como un acto colectivo de resignación ante la violencia, una especie de ritual de aceptación como elemento fundamental de nuestras vidas. Quizás por este motivo los medios de comunicación se empeñan en hablar de conflictos «religiosos» o «políticos» y en menor medida explican los motivos económicos que hay detrás de ellos y aún en menos ocasiones se atreven a llegar al fondo de la cuestión tratando de resolver las preguntas más elementales: quien fabrica las armas, quién las distribuye, qué empresas hay detrás de cada interés en juego, etc …Unknown-1

Pero si ni las partes interesadas en los conflictos -cosa perfectamente lógica de acuerdo con sus intereses- ni los medios se sienten obligados a destapar las cartas, a desenmascarar las auténticas explicaciones de los conflictos, ¿No es simplemente porque nadie los presiona para hacerlo? Quizá por eso pervive una especie de consenso no escrito de la necesidad de aceptar que los conflictos formen parte de nuestra vida. Pero ¿Tiene sentido aceptar la Ia y la IIa Guerra Mundial como hechos naturales? ¿Las invasiones de Irak? ¿La carrera armamentística nuclear? En caso de que no, ¿Como es entonces que la sociedad tolera las acciones militares que allí se llevan a cabo? ¿No será que vivimos en una sociedad que tolera el drama de la violencia, individual y colectiva? ¿No será que estamos educados para tolerar las guerras pesar nos horroriza ver sus consecuencias para televisión? ¿Hay pues una razón educacional que explica esta pasividad? ¿No podría ser entonces que nuestra educación en las escuelas estuviera llena de referencias militares? ¿No podría ser que nuestro lenguaje relacional y sexual estuviera «dominado» por el lenguaje militar? ¿O que la omnipresencia los videojuegos bélicos fuera la mejor forma de acomodarse a una sociedad llena de violencia? Mentas militarizadas pretende adentrarse en el conocimiento de cómo la educación, en su sentido más amplio, nos empuja a la aceptación de la guerra y la violencia como algo intrínseco a la naturaleza humana, y como hay intereses concretos para aislar toda aquella persona que no se resigna a aceptar como natural a la violencia, a tratar de dejar fuera de juego toda aquella persona que cree que la violencia la fomenta y la genera una escasísima minoría ante la inmensa mayoría de la humanidad que sí ha evolucionado y ha llegado hasta aquí ha sido justamente por su natural inclinación a la cooperación y la voluntad de vivir en paz.


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Roger Sunyer es politólogo (UAB) y Máster en Dirección Pública (ESADE). Impulsó la introducción de la Banca Ética en Catalunya con la fundación de FETS - Finançament Ètic i Solidari. Es consultor de economía social, cooperativa, colaborativa y gestión pública, profesor de la "Nueva economía urbana" a los programas de Ciudad y Urbanismo de la UOC, autor de ensayos: Hacia una economía ciudadana y El Turismo ciudadano y sus enemigos. Y libros de ficción (catalán): El dilema existencial de Gerard Maler (en catalán) y Contes breus, brevíssims, d'escletxes i atzucacs (en catalán) | Twitter: @rogersunyer