DEL ACTIVISMO SOCIAL AL CIUDADANISMO ECONÓMICO

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Hay quien considera el ciudadanismo como un movimiento apolítico, de corte ético que alardea de superar a las ideologías convencionales, centrado en la exigencia de una mayor transparencia, en la aplicación del sentido común y que deja atrás la tradicional división entre izquierdas y derechas. Entendido así es comprensible que pueda considerarse el ciudadanismo com un simple mecanismo populista utilizado para ganar cuota de mercado –político- desde una aparente transversalidad que oculta la propia ideología. Sin embargo el ciudadanismo es una idea mucho más profunda que la simple encarnación en un partido político que pretende erigirse en representante del pueblo o de los ciudadanos exigiendo mayor transparencia, luchar contra la corrupción o la defensa de la ejemplaridad pública. También es un error frecuente pensar en el ciudadanismo como algo propio de izquierdas cuando lo cierto es que puede haber ciudadanismo de izquierdas y de derechas. En realidad puede considerarse ciudadanista cualquier organización que trate de impulsar a los ciudadanos en el debate político: así lo es ATTAC, lo es Greenpeace, lo es Médicos Sin Fronteras o lo es cualquier grupo, movimiento o plataforma ciudadana, de modo que el ciudadanismo no es ni debe ser patrimonio de nada ni de nadie en particular porqué de lo que se trata, en resumen, es de acercar al ciudadano al centro del debate político, diga lo que diga, piense lo que piense.

En este sentido el ciudadanismo político puede entenderse como un conjunto de ideas y acciones que defienden la necesidad de un empoderamiento ciudadano, de una participación activa y real de los ciudadanos en y ante unas instituciones políticas democráticas percibidas demasiado a menudo como un coto restringido a una minoría dirigente, como ineficientes, poco transparentes o incluso indolentes ante los intereses de grandes corporaciones. El ciudadanismo político surge para complementar la clásica contraposición de poderes (ejecutivo, legislativa y judicial) añadiendo un nuevo contrapoder: el ciudadano empoderado. El ciudadanismo trata así de complementar a la democracia institucionalizada ante el creciente poder del capitalismo financiero global que actua sin sentido ciudadano. El ciudadanismo surge con fuerza entonces como una reacción lógica ante las crecientes desigualdades sociales y económicas o frente a las amenazas de catástrofe climática, de escasez alimentaria en grandes partes del planeta o el drama de la inmigración forzada.

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Roger Sunyer es politólogo (UAB) y Máster en Dirección Pública (ESADE). Impulsó la introducción de la Banca Ética en Catalunya con la fundación de FETS - Finançament Ètic i Solidari. Es consultor de economía social, cooperativa, colaborativa y gestión pública, profesor de la "Nueva economía urbana" a los programas de Ciudad y Urbanismo de la UOC, autor de ensayos: Hacia una economía ciudadana y El Turismo ciudadano y sus enemigos. Y libros de ficción (catalán): El dilema existencial de Gerard Maler (en catalán) y Contes breus, brevíssims, d'escletxes i atzucacs (en catalán) | Twitter: @rogersunyer