RETRATO DE UN ANTICAPITALISTA CAPITALISTA

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El siguiente artículo trata de retratar a una sola persona. No se refiere por lo tanto, a tantas y tantas personas que tratan de mejorar las condiciones sociales y económicas del mundo entero. Nuestra persona AC (anticapitalista capitalista) tiene 34 años. No tiene hijos. En realidad lo de los hijos le incomoda en gran manera porque significaría un cambio radical en su estilo de vida. Ya no tendría tiempo para dedicar a sus viajes y conferencias que realiza por todo el mundo, acerca de las maldades y desastres del sistema capitalista. Además, le preocupa seriamente tener que adoptar el papel de padre responsable y tener que dedicar todas esas horas a columpiar a su hijo en un parque. Su vida actual, sin duda, es mucho más excitante y por ello está alargando esa decisión.

Nuestra persona AC trata de distinguirse habitualmente por su estética, configurada para alejarse del modelo ejecutivo agresivo. Por ello evitará el corte de pelo al estilo marine ni tampoco vestirá corbata y traje, y cuando lo tenga que hacer lo hará con desgana, evidenciando que se trata de una imposición del protocolo. Tampoco necesariamente vestirá como un hippie clásico, ni de un modo completamente nuevo u original. Se trata de ser moderno y clásico a la vez, tener una identidad reconocida y aceptada, pero desmarcándose de la gente gris, que en realidad para él es la práctica total mayoría de la población. Lo que sí tiene claro es que no puede mostrar lujo ni ostentación. Ello queda reflejado claramente en el coche que usa, que nunca bajo ningún concepto podría ser de gama alta. Como tampoco quería un coche excesivamente pequeño se compró uno de segunda mano con algunas rayaduras perfectamente visibles. ¡Perfecto! De todos modos nuestra persona AC procura ir en bicicleta o en transporte público. Cuando le ofrecieron un piso en las afueras de la ciudad, consciente que recorrer 20 km cada día en bicicleta es excesivo, prefirió alquilar un piso en el centro. El argumento que suele esgrimir es justamente ese: “Así puedo ir en bicicleta al trabajo”. En realidad, no tiene que ir a ningún sitio porque trabaja en casa gracias al potente arsenal tecnológico de que dispone: un Imac, otro portátil, una Ipad y un Iphone 7. En realidad nuestra persona AC es una persona en general bastante común: procura comer vegetariano siempre que puede aunque cuando vé un filete de buey no puede evitar sentir un arrebato carnívoro; fuma tabaco de liar, bebe agua embotellada, Coca-Cola y, de vez en cuando, algun gin-tonic, pese a que valora especialmente el vino ecológico o la cerveza artesanal, que aunque más caros, le permiten exponer a sus contertulios su discurso acerca de la necesidad de practicar el consumo de Km 0.

Y es que nuestra persona AC considera que el capitalismo es un sistema fundamentalmente injusto que genera cada día mayor desigualdad social, económica, política y cultural. Por ello considera que hay que cambiarlo, que otro mundo es posible. Cuando se le pregunta, concretamente, ¿Cómo debe cambiarse el sistema? suele responder “luchando, denunciando, practicando alternativas en el consumo, en la banca en todo lo que podamos ¡Tenemos que reinventarlo todo!”. Cuando se le responde que en realidad eso no es cambiar el sistema, sino simplemente tratar de mejorarlo insiste en que no, que lo que hay que hacer es cambiarlo, como si se tratara de una tuerca del coche. Pero en realidad nuestra persona AC nunca ha defendido la dictadura del proletariado, ante todo es democrática, cree en “las personas, los vecinos y las vecinas, la gente del pueblo” como suele repetir y, por ello, no contempla la violencia armada para tratar de instaurar un nuevo sistema. Sí que la contempla para pequeñas acciones de protesta, respecto a los deshaucios, a los despidos masivos o a la corrupción política, aunque no en proporciones mayores. Al fin y al cabo nuestra persona AC es un tipo normal. Le molesta la injusticia, la desigualdad y trata de combartirla.

De tan normal que es suele también pensar en las vacaciones. Obviamente es contrario a Airbnb, a los pisos turísticos, aunque no entienda que su posición favorece a su vez al sector hotelero, la mayor indústria legal del mundo. Pero es que para él la existencia de pisos turísticos se opone frontalmente al derecho a la vivienda y no hay más que hablar, de esa posición no se moverá. Para él, Blackstone -con parques acuáticos, temáticos, cadenas hoteleras y agencias de viajes- es lo mismo que una persona que tiene un piso –el suyo- y lo alquila a turistas: todo es Capital y el Capital privatizado es la base de la desigualdad. En realidad para nuestra persona AC el turismo de masas es un grave problema que tenemos. Masas y masas de gente estúpida conducidas como rebaños bajo la directriz del Capital –¡Una vez más!-

Lógicamente nuestra persona AC no se incluye dentro de las masas. Y es que ella siempre suele elegir destinos más auténticos bien alejados de la estupidez turística. Recientemente visitó el desierto de Atacama donde no hay turismo, conversó con la gente de allí, visitó parajes espectaculares, puestas de sol magníficas. Hizo fotos. Muchas fotos. E incluso se animó con un video que piensa colgar en Youtube para concienciar que nadie vaya allí a degradar ese entorno tan mágico. Nuestra persona AC incluso pensó que se podría hacer un proyecto de colaboración con una asociación local. Lo mismo hizo cuando visitó el Kurdistán y lo mismo hará en su periplo por el Sudeste asiático. En realidad nuestra persona AC viaja mucho más que la media de los ciudadanos de su país. No es muy consciente de su gasto en dióxido de carbono –que es equivalente al de la clase corporativa capitalista a la que tanto desprecia. Tampoco tiene mucho tiempo para analizarlo porque mientras vuela de Barcelona a Nueva York para asistir a una conferencia sobre “!Como eliminar el turismo de una vez por todas!” debe consultar el estado de su actividad en las redes –Twiter, facebook, instagram, linkedin, etc..-. Y es que nuestra persona AC es una persona altamente tencologizada que usa la tecnología para advertir a todo el mundo de los peligros de vivir en un mundo tecnologizado y ha hecho de ello su actividad profesional. Sus libros, artículos, conferencias, colaboraciones se cuentan por miles y se venden muy bien gracias a plataformas como Amazon.

Todos los espacios resistentes al capitalismo lo  solicitan para que les ayude a abrir nuevos caminos de resistencia. Pese a que defiende constantemente la necesidad de ralentizar el crecimiento -y de paso nuestra propia vida personal-, su ritmo de vida, en cambio, es frenético, cada día más parecido al de cualquier ejecutivo. Su agenda queda cubierta ya con una año de antelación. Cuando llega a Nueva York no puede alquilar un piso en Airbnb porque además de ser una gran incoherencia sería un grave error de imagen. Tampoco puede ir a un hotel por la misma razón. Además es caro y los costes debe asumirlos él. Había pensado intercambiar su casa porque eso sí se tolera en los círculos anticapitalistas porque no hay transacción económica y uno no se ensucia tocando dinero. Sin embargo, no tiene permiso de su propietario porqué también es anticapitalista y considera que eso sería también sería mercantilizar la vivienda. Resignado, al final tiene que llamar a un amigo que vive en el extraradio de Nueva York. Por suerte para él y gracias a sus viajes continuos y a su intensa actividad virtual a través de las grandes compañías capitalistas tecnológicas, nuestra persona AC tiene amigos en todas las ciudades del mundo. Su charla sobre las graves consecuencias de la tecnología y del capitalismo es todo un éxito. Al finalizar el acto ya tiene nuevas propuestas de charlas. Tendrá que volar a Canadá, a Ecuador y a Mozambique próximamente.

Cuando llega fin de año nuestra persona AC hace un resumen de su actividad, de sus incontables apariciones televisivas, radiofónicas, sus charlas, artículos y conferencias y empieza a ver alguna cosa extraña en ello. ¿Cómo puede ser tanto éxito? Incluso grandes empresas, ayuntamientos, gobiernos a los que siempre había repudiado solicitan sus servicios. Con el nuevo año nuestra persona AC se preguntará si no podría ser que cierto anticapitalismo fuera necesario para el sistema capitalista contra el que supuestamente lucha; si no será que cierto anticapitalismo es útil al sistema capitalista porqué está más centrado en coartar y bloquear cualquier innovación social y económica -aunque pueda favorecer a la clase trabajadora o media- por la simple razón que no forma parte de la lucha anticapitalista. Con la cabeza ya hirviendo nuestra persona AC se preguntará si no será entonces que anticapitalismo y capitalismo pueden ser al final dos piezas de las misma moneda, una especie de “todo debe cambiar para que todo siga igual”, para que por ejemplo las grandes corporaciones sigan campando a sus anchas, inalcanzables para lucha anticapitalista mientras ciertos anticapitalistas se centran en criminalizar y coartar a pequeños propietarios, pequeñas y medianas empresas -o simplemente ciudadanos de modo individual-, en su intento de ganar una pizca más de libertad porque no son anticapitalistas com él.

Al final del siguiente año, nuestra persona AC ya se preguntará con perplejidad y en la más discreta intimidad si su estilo de vida no es realidad una especie de anticapitalismo capitalista.

 


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Roger Sunyer es politólogo (UAB) y Máster en Dirección Pública (ESADE). Impulsó la introducción de la Banca Ética en Catalunya con la fundación de FETS - Finançament Ètic i Solidari. Es consultor de economía social, cooperativa, colaborativa y gestión pública, profesor de la "Nueva economía urbana" a los programas de Ciudad y Urbanismo de la UOC, autor de ensayos: Hacia una economía ciudadana y El Turismo ciudadano y sus enemigos. Y libros de ficción (catalán): El dilema existencial de Gerard Maler (en catalán) y Contes breus, brevíssims, d'escletxes i atzucacs (en catalán) | Twitter: @rogersunyer