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Es sabido que  el Mobile World Congress es un evento de primera magnitud. Más allá del impacto económico que tiene en la ciudad de Barcelona (en pisos turísticos, en habitaciones de casas, en hoteles, en restauración, transportes, comercio, etc), cifrado en 460 millones de Euros, es incuestionable la necesidad de espacios presenciales donde poder ver las novedades, intercambiar información, estudiar la competencia, establecer acuerdos de cooperación, anticipar las tendencias de futuro o simplemente constatar que ya no se puede preveer el futuro más allá de unos pocos meses. Sin duda el Mobile World Congress es el espacio idóneo para constatar el impacto positivo de la tecnología Móbil.

Sin embargo en estas mismas fechas se celebra otro evento, mucho más pequeño, con mucha menos repercusión mediática y con también mucha menos participación pese a contar con el apoyo explícito del Ayuntamiento de Barcelona: el Mobile Social Congress. Impulsado por SETEM, conjuntamente con otras entidades defensoras de los derechos humanos en todo el mundo, com es el caso de Justícia i Pau, el congreso alternativo Mobile Social Congress (MSC) tiene por objetivo denunciar los aspectos más controvertidos de la indústria electrónica y de la tecnología, los impactos sociales y ambientales de la producción de teléfonos inteligentes y de otros equipamientos electrónicos en diferentes partes del mundo. Se presentan denuncias como la explotación de los recursos minerales de la República Democrática del Congo y el conflicto bélico alrededor de su comercio, las vulneraciones de las condiciones laborales a las fábricas asiáticas que trabajan para grandes marcas como Apple o DELL. Del otro se abordan “las restricciones a las personas usuarias que suponen las estructuras económicas monopolísticas y privativas de las telecomunicaciones (el negocio del programario privativo, las estrategias de los oligopolios empresariales de telefonía e internet, o el control del acceso a la cultura y el conocimiento)”. Nacido en 2016, como respuesta al Mobile World Congress (MWC), sin duda  el Mobile Social Congress es, al revés que el primero, el espacio idóneo para constatar  el impacto negativo de la tecnología Móbil.

Probablemente por ello en los próximos años el Mobile Social Congress deberá elegir el camino a seguir, entre limitarse a mostrar la dimensión negativa de la indústria o bien elegir la opción de incidir en ella directamente. La primera opción pasa por consolidarse como espacio alternativo, virtuoso y éticamente perfecto, ideal para alimentar la esperanza de los que creen que vamos de mal a peor. A fin y al cabo siempre es más fácil reunirse con los convencidos que con aquellos que no saben ni lo que defiendes; siempre es más fácil mantener una comunidad de fieles -aunque sea pequeña- que inmiscuirse entre la marea del Mobile World Congress. Sin duda es este un camino elogiable pero con un nivel de incidencia casi imperceptible hecho que la convierte en una tarea prácticamente estéril en cuanto a resultados sociales -al margen, claro está de la retroalimentación de los convencidos.

Sin embargo, de la misma forma que es incuestionable la necesidad de un Mobile World Congress también lo es la necesidad de disponer de espacios tanto de denuncia de malas prácticas como de reivindicación para crear condiciones justas para todos. Pero a muchos de nosotros no nos gustaría tener que elegir entre un congreso u otro: ni queremos caer en una admiración estúpida de la tecnología sin sensibilidad social ni ambiental, ni tampoco caer en un estéril retro-progresismo. Es conveniente por lo tanto asumir que construir otro mundo no es posible porqué solo tenemos uno, es necesario superar cierta mentalidad catastrofista y evitar caer en dinámicas anticapitalistas capitalistas. Estamos abiertos al cambio, a la tecnología, a las mejoras que nos puede aportar, convencidos que innovación social y económica deben ir juntas como dos caras de la misma moneda.

Por eso ambos congresos deberían cooperar y colaborar. Esta colaboración no debería servir para que el contenido social quedase silenciado sinó justo lo contrario, para incidir de lleno en la indústria de la tecnología móbil. Por eso en un futuro no demasiado lejano una gran mayoría de usuarios seguro agradecerían que se anunciase el nuevo Mobile Social World Congress, fruto de la fusión de ambos espacios: un espacio donde se pudiesen tratar abiertamente tanto las innovaciones económicas de la tecnología como las sociales; donde se pudiese debatir sobre como la revolución tecnológica puede crear simultáneamente riqueza social y riqueza económica, un espacio para hablar de todo, tanto de las novedades más innovadoras como de los impactos en toda la cadena de subministro, de las condiciones laborales, de los residuos generados y de su gestión, del cambio climático, un espacio donde poder tratar todos los impactos, los positivos y los negativos. Un espacio en definitiva para mentes abiertas y vocación ciudadana.

 

 

 

Roger Sunyer

Roger Sunyer es politólogo (UAB) y Máster en Dirección Pública (ESADE). Impulsó la introducción de la Banca Ética en Catalunya con la fundación de FETS - Finançament Ètic i Solidari. Es consultor de economía social, cooperativa, colaborativa y gestión pública, profesor de la "Nueva economía urbana" a los programas de Ciudad y Urbanismo de la UOC, autor del libroHacia una economía ciudadana y fundador y principal editor de Alambins. Lloc Web | Twitter: @rogersunyer

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