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Hay quien tiene claro que Uber es la mejor opción: mejor servicio, mejores precios y además la plataforma online permite ingresar dinero a quien libremente quiera ponerse a conducir y conseguir la mejor satisfacción a los usuarios de modo que ellos lo reflejen en sus revisiones inmediatas.UBER

Hay otros que sin embargo prefieren el taxi. Su defensa no suele ir vinculada al servicio si no a una suerte de complicidad ante su debilidad respecto al gigante americano. Se suele defender el taxi como ejemplo de modelo tradicional frente a la americanización de la economía; se opone la pequeña empresa frente al poder de la gran corporación con sede en no sé sabe donde; los más contrarios critican la precariedad laboral de las plataformas o incluso su futura posición monopolística.

Los ciudadanos se encuentran a menudo en una cierta disyuntiva viendo razones y complicidades en ambas partes. Pero la cuestión en realidad ya no reside en tener que elegir entre Uber o taxi. Veamos porqué. 

David Harvey explica bien la mecánica del capitalismo y su tendencia –contradictoria o lógica depende de quien la interprete- de querer librarse de la competencia cuanto antes creando monopolios que permitan generar excedentes de una manera más fácil, segura y previsible. Sin embargo nadie puede dormirse en los laureles, porqué tarde o temprano -el propio Harvey lo reconoce-, los monopolios se rompen cuando aparece una innovación tecnológica resquebrajando los muros detrás de los cuales vivía el sector monopolizado.

Es evidente que ello crea una crisis sectorial con claras ramificaciones a lo normativo y tributario y depende del sector puede también tener una claro efecto en los patrones culturales y sociales. La mirada histórica del capitalismo nos permite constatar sin embargo que la crisis suele alargarse hasta que la normativa da cabida y cauce legal al nuevo agente, precipitando así el fin definitivo del viejo sector.

Parece razonable pensar que eso mismo está ya pasando con el taxi.UBER

Sin duda es comprensible la reacción y la resistencia de quien vé perder las condiciones de monopolio; aún más comprensible es el desasosiego de un taxista que haya desembolsado 100,000 Euros para adquirir una licencia o que tema la existinción de su vía principal de generación de ingresos. Y de ahí se entiende las reacciones virulentas contra el modelo de las plataformas digitales.

Desde la perspectiva de la gestión pública una vez estalla el conflicto de intereses entre sectores, donde hay ganadores y perdedores, puede ser tentador parapetarse detrás del enfrentamiento de dos modelos; victimizar a unos y culpabilizar a otros; fomentar un discurso catastrófico contra la mercantilización de la ciudad o avivar la mirada nostálgica a un pasado que nunca existió.

Pero una administración pública honesta debería ser consciente del escenario típico del capitalismo que todos hemos visto reproducir en multitud de sectores económicos: lecherías, sastrerías, tiendas de fotografía, librerías, colmados, tiendas de discos y así hasta una lista infinita.

Y lejos por lo tanto de contribuir al enfrentamiento de los dos modelos, una administración pública democrática en una economía de mercado capitalista debería partir del funcionamiento de la realidad económica y ser capaz de extraer ventajas para sus ciudadanos, aprUBERovechar las oportunidades que el nuevo escenario permite, adaptándose a la realidad para extraer oportunidades con astucia y olvidarse de actitudes pasivas o que pretenden por el contrario adaptar la realidad a la de la administración pública.

Una gestión pública inteligente debería ser capaz de gestionar la transición de modelos tradicionales a las nuevas formas de transporte abiertas vía plataforma digital de un modo que pudiera ser aceptable para unos y para otros; identificar las oportunidades que dicha innovación ofrece para
una economía ciudadana (en términos de ingresos para el conductor, de ahorro para el usuario, de contribución tributaria con efectos sobre el conjunto de la ciudadanía) facilitando esa adaptación atendiendo a los directamente perjudicados incluso si conviniese con algun tipo de contraprestación.

¿Estás de acuerdo?

Roger Sunyer

Roger Sunyer es politólogo (UAB) y Máster en Dirección Pública (ESADE). Impulsó la introducción de la Banca Ética en Catalunya con la fundación de FETS - Finançament Ètic i Solidari. Es consultor de economía social, cooperativa, colaborativa y gestión pública, profesor de la "Nueva economía urbana" a los programas de Ciudad y Urbanismo de la UOC, autor del libroHacia una economía ciudadana y fundador y principal editor de Alambins. Lloc Web | Twitter: @rogersunyer

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