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Sea en su vertiente social, cultural o económica lo cierto es que en las últimas décadas el turismo encarna como pocos las consecuencias de la globalización, mostrando un crecimiento sin precedentes de oferta y demanda, de expansión geográfica, de segmentación de mercados o de beneficio empresariales.

Sin embargo y pese a que su expansión a lo largo de los siglos XIX y XX se dio sin excesiva conflictividad, en los últimos años el turismo urbano ha sido el centro de atención de un conjunto disperso, más o menos organizado, de reacciones y resistencias contrarias a él, llegando incluso en algunos casos a considerarlo como una de las amenazas principales para la sostenibilidad de la ciudad o incluso de su pervivencia como tal

No hace falta ser muy astuto para constatar la coincidencia temporal entre la emergencia de un cierto discurso anti-turismo masivo con la aparición de nuevos operadores digitales generadores de una fuerte disrupción, no solo en el mercado sino con significativos efectos normativos, sociales e incluso culturales. Es previsible que ello haya provocado una reacción contraria de los operadores tradicionales, tales como la industria hotelera.

Pero pese al conflicto dialéctico típico de un mercado capitalista entre innovación y monopolio, no parece razonable otorgar de forma exclusiva a disputas sectoriales la emergencia de un discurso anti-turismo en algunas ciudades occidentales del mundo receptoras de ingentes cantidades de turistas, tales como Barcelona, Londres o Nueva York.

Deben existir varios factores que expliquen porqué la globalización del turismo ha generado la aparición de un fenómeno de resistencia cuando no de rechazo directo a la presencia masiva de turistas en las ciudades. Algunos de ellos probablemente deben guardar relación con la capacidad de carga razonable de los destinos turísticos; otros deben estar vinculados con el escenario socio-económico provocado por un período de crisis económica; otros directamente deben explicarse por la existencia de dinámicas precarización económica general y aún otros pueden estar directamente vinculados a caractetísticas de tipo socio-cultural. Más concretamente encontramos en los últimos años una proliferación de manifestaciones que vinculan el turismo urbano masificado a con problemas de convivencia doméstica entre vecinos y turistas; al aumento de los precios del alquiler de la vivienda; a la precarización del trabajo; al monocultivo económico o incluso a un proceso global de mercantilización de lo urbano que amenaza con liquidar definitivamente la esencia e identidad de la ciudad.

El propósito de El turismo ciudadano y sus enemigos es constatar buena parte de estas resistencias, de este rechazo, tratando de entender los ejes principales en los que se fundamenta el discurso anti-turismo, para poder aportar posteriormente una cierta visión pragmática, que sin dejar de constatar los riesgos y amenazas que la masificación del turismo puede comportar y de hecho comporta, lo considere fundamentalmente como una oportunidad para mejorar en nuestras ciudades las condiciones sociales y económicas de sus ciudadanos.

 

Roger Sunyer

Roger Sunyer es politólogo (UAB) y Máster en Dirección Pública (ESADE). Impulsó la introducción de la Banca Ética en Catalunya con la fundación de FETS - Finançament Ètic i Solidari. Es consultor de economía social, cooperativa, colaborativa y gestión pública, profesor de la "Nueva economía urbana" a los programas de Ciudad y Urbanismo de la UOC, autor del libroHacia una economía ciudadana y fundador y principal editor de Alambins. Lloc Web | Twitter: @rogersunyer

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