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En 2015 en Barcelona se implementó una moratoria a nuevos alojamientos turísticos (hoteles, albergues, pisos turísticos…) que debía servir para debatir, meditar y decidir cual era el modelo turístico más apropiado para los barceloneses y las barcelonesas, con el objetivo de situar a los ciudadanos en el centro de la política turística.

Paralelamente -causa o consecuencia de dicha política pública- se expandió un cierto discurso anti-turismo tal y como reflejan las encuestas del Barómetro municipal (si en 2015 el turismo era la tercera preocupación, en 2017 el turismo ya es la primera preocupación por encima del paro o el trabajo).

Un año después de la moratoria los datos arrojaban datos como mínimo paradójicos respecto al objetivo que se pretendía: los hoteles aumentaron sus beneficios, con un volumen de facturación inédito (18 millones de pernoctaciones en 2015); entre julio de 2015 y junio de 2016 registraron un aumento de la ocupación del 2%; un aumento del precio medio de las habitaciones del 9% y de la facturación por habitación del 12%, “ratios desconocidos en la ciudad en un plazo tan corto de tiempo” según el propio informe anual del mercado hotelero de la consultora Bric.

El socio de la consultora Juan Gallardo argumentaba el crecimiento por dos motivos: la inercia ascendente de un sector como el turismo que se recupera de la crisis y que ese año ya estaba batiendo récords (13,4% pasajeros más en el aeropuerto o 6,3% más de pernoctaciones de enero a junio) pero también gracias al efecto moratoria, que mantenía la oferta congelada.

Imagen de la campaña oficial destinada a denunciar “camas ilegales”.

Siguiendo con la línea que inspiró la moratoria inicial, en 2017 continuaron las acciones para impulsar el decrecimiento turístico: en enero el Ayuntamiento señala la zona central de la ciudad como una área de decrecimiento en el Plan Especial Urbanístico de Alojamientos Turísticos (PEUAT) de modo que en esa esa zona no se podrá abrir ningún tipo de alojamiento turístico, sea hotel, piso turístico o albergue. Lo último en julio de 2017 es una campaña de denuncia contra camas ilegales de pisos turísticos, tal y como el Gremio de Hoteleros pedía

Se entiende que estas medidas deben servir para imponer la Ley y garantizar su estricto cumplimiento, pero además se entiende que comportaran toda suerte de beneficios a los ciudadanos como una presencia menor de turistas en el centro de la ciudad, la atenuación en consecuencia de todos los problemas a los que se les asocia (convivencia, malas hábitos públicos, mercantilización, parque temático, etc…); un freno al aumento del precio de los alquileres y finalmente un punto de inflexión a procesos de gentrificación y de expulsión de los vecinos de toda la vida

Aunque el plan prohiba a cualquier ciudadano alojar turistas en un un piso de su propiedad, sí que permite abrir nuevos hoteles en la zona 2 y 3 e incluso pisos turísticos siempre y cuando el particular en cuestión se atenga al detalle de adquirir previamente todo el edificio.

En resumen: se blinda el centro de la ciudad al operador hotelero (con la subida de precios que comporta); se le abre nuevos mercados en los barrios periféricos de la ciudad (expande mercado) y se condiciona cualquier piso turístico a la compra de un edificio entero (permitiendo por ejemplo que el capital hotelero invierta también en edificios para pisos turísticos). Una vez más, quien tiene un volumen considerable de capital podrá seguir inviriténdolo sin más problemas. Otra cosa es aquel que aspirase a tener un (solo uno) piso turístico. 

Aún faltan tiempo y datos para ver los resultados y el impacto del PEUAT pero ya se puede constatar como desde la moratoria hotelera y la prohibición de los pisos turísticos el número de turistas ha seguido aumentando; los beneficios hoteleros también así como el precio de los alquileres. Y no solo en el centro de la ciudad sino en toda ella: sin ir más lejos uno de los distritos populares, como Nou Barris es donde más crece el precio del alquiler. 

¿Porqué entonces se habla de decrecimiento turístico cuando en realidad asistimos a un clásico proceso de monopolismo hotelero?

Eslógan de la campaña

David Harvey -poco sospechoso de ser neoliberal– lo explica muy bien cuando describe como el capitalismo busca como sea monopolios donde poder extraer rentas. El monopolio solo queda cuestionado cuando una disrupción tecnológica crea unas nuevas condiciones que cambian las considiciones del mercado (Airbnb y plataformas digitales en este caso…). El capital debe entonces buscar las formas de adaptarse para tratar de perpetuar sus privilegios monopolísticos. Una de ellas es imponer la Ley a toda costa y ralentizar como sea cualquier cambio normativo que acomode la realidad a la Ley y no al revés.

Ciertamente parece que así se ha hecho. En realidad dos años después de la moratoria parece que la situación se acerca a lo que ni el más opitimista de los estrategas al servicio del sector hotelero hubiera soñado: el precio medio de las habitaciones ha subido, los beneficios han subido, viene más gente que nunca y además todos los problemas del turismo la ciudadanía los asocia a los pisos turísticos como demuestra la última campaña oficial. Y encima todo ello con un ayuntamiento de estética anticapitalista…

El gremio hotelero sin duda puede estar contento de ello. Y lo está. Y ello no tiene porqué ser negativo. Aunque tarde o temprano la realidad suele imponerse a la mentalidad legalista. 

El problema es perder oportunidades para que el turismo contribuya a una economía ciudadana, perder oportunidades para facilitar que ciudadanos particulares, pequeñas y medianas puedan beneficiarse también de ello; perder oportunidades para configurar una sociedad que no solo aspire a la redistribución de beneficios sinó también a la apropiación directa de ellos como ciudadanos productores libres, oportunidades en definitiva para empoderar a la gente mediante un turismo ciudadano. 

 

Roger Sunyer

Roger Sunyer es politólogo (UAB) y Máster en Dirección Pública (ESADE). Impulsó la introducción de la Banca Ética en Catalunya con la fundación de FETS - Finançament Ètic i Solidari. Es consultor de economía social, cooperativa, colaborativa y gestión pública, profesor de la "Nueva economía urbana" a los programas de Ciudad y Urbanismo de la UOC, autor del libroHacia una economía ciudadana y fundador y principal editor de Alambins. Lloc Web | Twitter: @rogersunyer

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