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Amazon

Suele tener formación superior. Suele trabajar en el sector público, de modo directo en una universidad o indirecto, en alguna entidad social que sobrevive a duras penas con la ayuda de subvenciones públicas. También bien podría ser un representante político…

Cuando lo hace en la universidad su cargo le permite librarse a menudo de dar clases -que en realidad nunca formaron parte de su vocación- de modo que puede invertir grandes dosis de tiempo en la realización de estudios y proyectos de asesoría principalmente para administraciones públicas.

Su dedicación a ello, junto con la inestimable colaboración de becarios o colaboradores de la causa, le permite generar productos –libros- que vende en el mercado a través de Amazon, librerías o tiendas especializadas del propio sector público. En cierto modo tiene un público captivo…

De todos modos, a menudo los regala. Más que por generosidad suele ser porqué en realidad se trata de productos ya amortizados -fruto de su trabajo remunerado o fruto de una subvención ya otorgada- o porqué legalmente no puede obtener ningún tipo de lucro.

Pese a ello gracias a la difusión de dichos productos recibe invitaciones de centros culturales, sociales y/o universitarios de todo el mundo para exponer sus ideas acerca de lo mal que va el mundo, muy especialmente desde que el capitalismo emergió y ventiló la sociedad estamental propia del feudalismo.

Como su dinámica profesional cotidiana le permite gozar de una gran libertad -muy lejos de la inflexibilidad laboral de la mayoría de la población- también puede dedicar una buena parte de su tiempo a ampliar su capital relacional y social.

Todo ello -sus productos, su comercialización, su difusión y su gran capital social debidadamente optimizado mediante el imprescindible networking-, generan un ingente volumen de invitaciones para participar en congresos, seminarios, presentaciones, jornadas o eventos en todo el mundo: desde México DF a Buenos Aires, desde Managua a Nueva York, desde Barcelona, a Londres, Berlín, Caracas o Madrid.

Cada vez que le invitan no puede ocultar una gran satisfacción -la de él y la de su ego-, aunque en realidad no es el primer viaje ni el último. En realidad viaja mucho. Mucho más que la media de sus conciudadanos y muy por encima del conjunto de la humanidad, el 80% de la cual aún no viaja…

Cuando recibe una invitación siempre acepta. Gracias a ello ha recorrido buena parte del planeta con todos los gastos pagados.

Después de un largo viaje saluda efusivamente a los anfitriones que lo reciben en el aeropuerto. Depende del caché de nuestro turista intelectual le llevan a un hotel, a un apartamento, a una casa prestada por alguien o lo alojan en casa de un amigo. En pocos casos practica el couchsurfing.

Como volar quince horas difícilmente justificarían una charla que bien podría hacerse por Skype, nuestro turista intelectual tiene una agenda repleta de actividades durante los cuatro días que se quedará en la ciudad: le presentan al alcalde, o algun alto cargo público, le enseñan algun proyecto innovador en el ámbito social o cultural, participa en algun acto interno para colaborar a generar ideas de políticas públicas ciudadanas y atiende a periodistas de periódicos, radios y televisiones. 

El ritmo de actividad social se mezcla con el la actividad lúdica propiamente dicha, de modo que siempre hay tiempo para visitar algún museo, alguna librería o salir de la ciudad a descubrir rincones desconocidos.

Finalmente llega el día de la charla. Como en las entrevistas, nuestro turista intelectual agradece el maravilloso trato que le han dispensado, la oportunidad de descubrir aspectos nuevos de la ciudad, de su cultura, de su gente. Se muestra encantado de haber podido ser testigo de primera mano de nuevos proyectos políticos, sociales, económicos. No esconde para nada el placer que supone para él, haber podido pasar cuatro días en una ciudad distinta, en un entorno distinto al suyo y no ahorra adjetivos para reconocer lo bien que le iran todas las experiencias vividas cuando vuelva a su ciudad de residencia habitual.

Realizados los halagos y agradecimientos correspondientes empieza la charla propiamente dicha motivo oficial por el cual fue invitado, dedicada fundamentalmente a advertir y concienciar acerca de las amenazas de la globalización: gente yendo para aquí y para allá, mercantilzación de todo y expansión de un turismo masivo que amenaza con cambiar la fisonomía de nuestras ciudades para siempre. La charla es un éxito total. El público asistente vuelve a casa con la satisfacción de tener una idea más clara acerca de quien es el culpable de su situación.

Una vez de vuelta, nuestro turista intelectual escribe un artículo sobre su experiencia en la ciudad que le invitó. En él defiende de nuevo la necesidad de controlar el turismo masivo, de evitar que la gente alquile sus casas a turistas porqué fomenta la mercantilización de la ciudad y repasa por enésima vez las amenazas de la globalización.  

Parece obvio recordar que nuestro turista intelectual no se incluye entre la masa de turistas. Es obvio que lo suyo no es turismo masivo. Literalmente no es propio de la masa. Lo suyo es algo mucho menos masificado, en realidad solo es propio de los privilegiados que viajan a menudo y cuando quieren. Además por si hubiera alguna duda, el turista intelectual está convencido que cumple una función social advirtiéndonos reiteradamente de todos los peligros y amenazas que nos acechan si todos hicieramos como él. 

Y es que sobre el placer de viajar y el derecho de todos a acceder a él nunca habla.

Sin duda no hay nada como hacer el turista denunciando los males del turismo masivo. No hay nada como el turismo intelectual.

 

Roger Sunyer

Roger Sunyer es politólogo (UAB) y Máster en Dirección Pública (ESADE). Impulsó la introducción de la Banca Ética en Catalunya con la fundación de FETS - Finançament Ètic i Solidari. Es consultor de economía social, cooperativa, colaborativa y gestión pública, profesor de la "Nueva economía urbana" a los programas de Ciudad y Urbanismo de la UOC, autor del libroHacia una economía ciudadana y fundador y principal editor de Alambins. Lloc Web | Twitter: @rogersunyer

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