•  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •   

PobrismoEl pobrismo tiene una larga historia que alcanza como mínimo hasta  pocos años antes del nacimiento de Jesús con la secta ebionita o de los “hombres pobres” tal y como desarrolla Antonio Escohotado a lo largo de su Historia moral de la propiedad.

Simplificar esta Historia en unas pocas líneas es sin duda temerario pero para entendernos podríamos convenir que el éxito del pobrismo empezó cuando la famosa idea según la cual los últimos serían los primeros cuajó. Si uno se lo cree parece razonable pensar entonces que “ser llamados pobres no es nuestra desgracia sino nuestra gloria”.

Dos mil años después parece que algo de esa lejana mentalidad ebionita sigue intacta en determinados ámbitos de nuestra sociedad. Y es que en según que sectores sociales la riqueza sigue considerándose algo pecaminoso.  De tanto insistir en ello es frecuente por ejemplo ver en cualquier medio de comunicación algun tertuliano alardeando por el hecho de vivir en régimen de alquiler o de apenas tener nada en propiedad.

Cuando más a la izquierda sea el representante más deberá justificar su patrimonio y si forma parte del activismo social deberá incluso excusarse cuando tenga activos, atribuyendo motivos hereditarios o familiares para exonerarse de cualquier responsabilidad directa. También en la emergente economía colaborativa hay quien sigue esa línea propia del complejo de culpa insistendo en que de lo que se trata es del acceso y no de la propiedad en una nueva reedición del clásico ser versus tener.

En cualquier caso en determinados ambientes -y aún habiendo obtenido el perdón en forma de respeto o ausencia de acusación- lo que siempre será moralmente intolerable, tanto ahora como hace dos milenios entre los ebionitas, es la manifestación explicita de la voluntad de lucrarse. Y ello es así porqué subsiste la idea pecaminosa del lucro, tantas veces demonizada por la Iglesia en los lejanos siglos X y XI escandalizada cuando los primeros emprendedores mercantiles compraban una cosa a 10 y la vendían a 20 miles de kilometros más allá.

Por aquel entonces aquello era considerado usura y por lo tanto como pecado porqué ¿Como podía ser que algo que no había sido transformado fuese alterado en el precio? Ganar dinero implicaba trabajar -proveniente de tripalium, instrumento de tortura romano-, sufrir. Lo
que no era admisible era que uno pudiese ganar dinero, más que el suficiente y encima ser feliz. Eso era inmoral. Aún hoy hay quien distingue el alquiler de un apartamento turístico y el intercambio de casa, liberandose de todo complejo de culpa porque simplemente en la segunda opción no hay transacción económica. Si no hay dinero de por medio, no hay pecado.

Aunque alguien podría suponer que sí pero el enemigo del pobrista no es el rico o aquel que dispone de un ingente patrimonio heredado ni el que dispone de acciones en corporaciones multinacionales. A menudo ese patrimonio se disfruta con discreción y por otro lado, muchos de entre los ricos, participan directamente o indirectamente a través de su prole en ambientes y proyectos de corte pobrista tratando de liberar a las masas esclavizadas por la dictadura de la codícia y la adicción al dinero.

El enemigo del pobrista es en realidad el pobre que quiere dejar de serlo. Toda aquel que no vive la pobreza como ua virtud ni tampoco vive el bienestar de los demás con rencor si no más bien con una cierta y/o sana envidia, incluso como un estímulo a lo que aspirar. Por ello es demonizado. Es el imbécil que va a un centro comercial, el alienado que vé la televisión, el estúpido que navega en un crucero o el que no lee a Richard Sennet maldiciendo  a Airbnb porque destruye nuestras ciudades -aunque él haya viajado y consumido probablemente más C02 que buena parte de la población de muchas de las ciudades que ha visitado en todo el mundo.

Y es que el pobrismo en realidad no combate la desigualdad. Ni tampoco la riqueza extrema sino a todo aquel que perteneciendo a una clase obrera, proletaria o pobre, no le dé la gana -a ser posible- pertenecer a ella. Ni por conciencia ni por nada… El que siendo pobre no quiere ser pobrista, sino simplemente dejar de ser pobre. No tiene conciencia de clase ni la quiere tener. Quiere un poco más. Aunque ello le suponga una mirada o comentario inquisitorial del pobrista.

En un caso así el pobrista intentará convencerlo, en palabras de Saramago “colonizar su pensamiento”.  Convencer a todo aquel que quiera lucrarse que todo intento de escapar de su condición precaria es en vano; le insistirá que en el mundo cuatro personas son tan ricas como mil millone; le intentará trasmitir el rencor del pobrista y esa idea subyacente segun la cual parece que si esas cuatro personas dejasen de serlo el resto aumentaría de nivel de forma automática.

Le insistirá que el capitalismo aumenta la desigualdad sin reconocer en ningun caso que antes del capitalismo las condiciones de miseria eran ciertamente bastante igualitarias, que el capitalismo tiende a la concentración del capital, a generar monopolios del poder de los cuáles no hay posibilidad alguna de escapar. 

El pobrista le preguntará ¿Porque si no unos pocos tienen tanto y tantos tienen tan poco? ¿Es que los primeros son más listos?¿Más trabajadores o más astutos? Y tratará de explicarles que su situación nada tiene que ver con su voluntad, su esfuerzo, su tenacidad o, simplemente, su suerte. El pobrista intentará convencerle que su suerte está echada debido a unas condiciones sociales que más que condicionantes son Pobrismoabsolutamente determinantes.

Por eso el peor enemigo del pobrista es aquel que considera la pobreza y la austeridad como una situación que debe y puede ser transitoria y va hacer todo lo –éticamente- posible para salir de ella. Sin ser necesariamente un fanático del dinero y del despilfarro aprecia el dinero como mecanismo para obtener placer. Y es que el dinero es sin duda una inmejorable vía hacia el placer: el placer de poder pagar las facturas; el placer de poder vestir de acuerdo al propio estilo y no el impuesto por un grupo social; el placer de no depender de nada ni nadie; el placer de poder viajar a otra ciudad; el placer de invitar a un amigo a comer o el de regalar un ramo de rosas a tu madre.

Sin duda el peor enemigo del pobrista es aquel que aspira a ser libre, simplemente y llanamente, a su manera, aquel que más que querer que el pobrista le dé la mano,a lo que aspira es a que se la quite de encima.

Y tu, ¿Conoces a algun pobrista?

Roger Sunyer

Roger Sunyer es politólogo (UAB) y Máster en Dirección Pública (ESADE). Impulsó la introducción de la Banca Ética en Catalunya con la fundación de FETS - Finançament Ètic i Solidari. Es consultor de economía social, cooperativa, colaborativa y gestión pública, profesor de la "Nueva economía urbana" a los programas de Ciudad y Urbanismo de la UOC, autor del libroHacia una economía ciudadana y fundador y principal editor de Alambins. Lloc Web | Twitter: @rogersunyer

  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •