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La Barceloneta es un barrio de Barcelona que en los últimos años ha protagonizado un buen número de portadas de periódicos y reportajes televisivos como ejemplo de masificación turística, como caso de gentrificación y como prueba más evidente de la mercantilización de todo lo que nos rodea que conlleva un sistema capitalista que nos ha tocado vivir.

Dicha percepción negativa se contrapone a una imagen positiva de un barrio antaño marinero, con fuertes vínculos sociales, una personalidad propia que la mercantilización de la ciudad disuelve y amenaza con destruir por completo si es que no lo ha hecho ya.

Cualquier buen conocedor de Barcelona puede saber de primera mano como ese barrio nunca suscitó el menor interés de la mayoría de los barceloneses, excepto para saborear algún arroz de vez en cuando.

Pero más allá de los recuerdos y experiencias que uno pueda tener al respecto puede ser interesante releer un estudio sobre el barrio que en 1973 publicó la reconocida geógrafa Mercè Tatjer¹.

En él la autora remarca por ejemplo que por esas fechas la Barceloneta mantenía una conciencia de barrio en un grado bastante elevado e incluso se diría que había un cierto individualismo respecto a la ciudad, que incluso consideraba a Barcelona una entidad distinta al barrio, fenómeno que la autora atribuye en parte a la “marginación física del barrio respecto a la ciudad”.

Y es que a propósito de esa marginación la autora constata como en los años 70 la Barceloneta era uno de los numerosos sectores de Barcelona urbanísticamente degradado, un auténtico hábitat subintegrado: “un conjunto urbano caracterizado por una total continuación en la edificación, no existiendo dentro de él espacios libres. Tampoco se encuentran verdaderos espacios verdes, entendiendo por tales no ya parques o jardines, sino simplemente unos metros cuadrados de césped o de tierra con árboles”.

Cuando ahora un cierto discurso anti-turismo se escandaliza por la masiva presencia de turistas en las playas de la Barceloneta parece interesante recordar como era entonces: “La playa, que podría representar para el barrio un espacio libre está casi totalmente privatizada al quedar dividida y cerrar por vallas para los distintos establecimientos de baños o entidades deportivas” y añade la autora “los únicos trozos abiertos apenas tienen una extensión de 300m²”.

La imagen idealizada del barrio que se proyecta en la actualidad enfrentándolo a la plaga de turistas que lo asolan contrasta con la descripción del barrio cuando apenas había turismo en el conjunto de la ciudad de Barcelona: “La Barceloneta es un barrio edificado en altura, resultado de la construcción de tantos pisos como permiten las ordenanzas municipales, que no tienen suficientemente cuenta la anchura de las calles, lo cual ha hecho elevar los edificios de cinco y hasta seis plantas. Esta altura excesiva en relación con la estrechez de las calles dan al barrio un aspecto sombrío, casi cuartelario, no dejando penetrar al sol”.

Es igualmente interesante contrastar la masificación turística que tienen que soportar ahora los barceloneses con los problemas de hacinamiento que la geógrafa describe detalladamente: “La gran extensión de la superficie marginada, la ausencia de espacios verdes, la estrechez de las calles, la altura de los edificios a los que antes nos hemos referido, explican que el barrio pueda albergar en un espacio tan reducido una población de 30.000 personas, dando lugar a una elevadísima densidad media del barrio -1.274,6 habitantes por hectárea de superficie hábil-.” Esa densidad se hace evidente cuando tenemos bien presenten que el tamaño medio de las viviendas es de 30 m²: “Teniendo en cuenta el tamaño medio de la vivienda, la cifra de 4,04 personas por vivienda resulta alarmantemente elevada, ya que supone que en la mayoría de las viviendas del barrio cada individuo dispone de menos de 8,7 m2”.

Tampoco tiene desperdicio constatar el contraste respecto a la cuestiones relativas a la vivienda de entonces con los de la actualidad, donde parece que siempre se obvia la precariedad que significa que una familia -de pongamos cuatro miembros viva en un piso de 30 m²: “El problema de los realquilados que muchas veces no reflejan las estadísticas, agudiza más aún el hacinamiento”. La autora añade su propia testimonio personal: “Pudimos comprobar cómo en muchas viviendas de la calle que encuestamos vivían de cinco a seis personas, muchas veces los padres con algún hijo casado y los nietos, e incluso que en alguna vivienda llegaban a vivir ocho personas en un quart de casa“.

Una vez constatado el problema de la vivienda, la autora concluye que “En la barceloneta existe pues, un verdadera saturación urbana al sacrificio de la menor parcela de espacio verde, a la acumulación de familias en verdaderas madrigueras de conejos: se reduce la dimensión de las habitaciones , la altura de los techos, la anchura de los pasillos, la amplitud de las escaleras”².

Para reforzar dicha descripción la autora recurre a una anécdota suficientemente ilustrativa: “Una triste anécdota subraya lo que acabamos de decir. En una entrevista con el director de una de las escuelas del barrio, éste nos afirmó que muchos de los alumnos preferían ir a la escuela a estudiar una tarde de sábado o quedarse alguna hora más en el colegio como castigo porque al menos allí podían estudiar, mientras que en casa no tenían sitio para hacerlo”.

Por todo ello de acuerdo a las cifras antes señaladas, a la densidad de la población, el deterioro y hacinamiento de la vivienda, el creciente proceso de degradación, no es extraño que la autora concluya que todos estos elementos “caracterizan al barrio como un verdadero sector central deteriorada, o slum, parecidos a otros del casco antiguo de la ciudad, formando parte con las áreas de hábitat marginal de la periferia, de lo que en un concepto más amplio se entiende actualmente por hábitat subintegrado”.

Visto en perspectiva ello puede darnos alguna explicación de porqué algunos vecinos, más que ser expulsados, aprovecharon la integración del barrio a la ciudad, la apertura de la ciudad al mar, el creciente número de barceloneses que se bañaron en sus aguas, la creciente presencia de turistas y el aumento de los precios para vender sus quarts de casa. “Hasta hace algunos años la mayoría de los pisos estaban en régimen de arriendo, aunque hoy, muchos inquilinos han pasado a ser dueños de sus propias viviendas. Quizás a este hecho se deba el que este barrio sea uno de los sectores de la ciudad con un relativamente elevado porcentaje de viviendas en propiedad”.

Desde hace algunos años muchos de ellos -de 30m²- se han vendido por más de 200.000 Euros, una cifra que ni el más optimista podría haber imaginado en 1973 cuando un buen porcentaje de los vecinos de toda la vida se hizo con la propiedad de sus casas. Los vendedores en estos casos no fueron ni fondos de inversión ni maquiavélicos capitalistas. Fueron simplemente vecinos de toda la vida que aprovecharon la oportunidad que el mercado les ofreció.

Sin embargo, nadie habla de ellos.

Debe ser por algo tan antiguo como la doble moral aplicado en este caso a la Barceloneta turística. A ellos el discurso anti-turismo no les afecta, focalizado como está en culpar del turismo de todos los problemas de gentrificación de la ciudad, a impedir cualquier opción de alojamiento que no sea el tradicional, el que Dios manda, decidido como está dicho discurso a proteger de paso, los intereses del monopolio hotelero frente a nuevas formas de alojamiento particular. 

 

 

 

¹ Mercè Tatjer, La Barceloneta del siglo XVIII al plan de la Ribera, Barcelona, Los Libros de la Frontera, 1973

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Roger Sunyer

Roger Sunyer es politólogo (UAB) y Máster en Dirección Pública (ESADE). Impulsó la introducción de la Banca Ética en Catalunya con la fundación de FETS - Finançament Ètic i Solidari. Es consultor de economía social, cooperativa, colaborativa y gestión pública, profesor de la "Nueva economía urbana" a los programas de Ciudad y Urbanismo de la UOC, autor del libroHacia una economía ciudadana y fundador y principal editor de Alambins. Lloc Web | Twitter: @rogersunyer

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