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Amazon

El catastrófico discurso de la mercantilización de la ciudad, de la americanización -en sentido negativo, claro- de nuestra vida económica, social y cultural tiene distintas expresiones y aplicaciones en distintos sectores de la ciudad. Uno de las más recurrentes tiene que ver con el turismo pero otro habitual es el de las librerías y el constante lamento por el cierre de las clásicas librerías de toda la vida.

Y es que forma parte ya de nuestro paisaje común ver como la vieja librería de barrio va desapareciendo. En 2015 por ejemplo, en el Estado español cerraron más de 900 y se crearon poco más de 200. Esas cifras son solo una pequeña muestra que marcan el declive del ciclo de vida de las librerías de toda la vida y es que se calcula que cada día se cierran 2,5 de estos espacios, sobre todo pequeños.

Aunque parece evidente que las causas de esta lenta extinción apuntan a una confluencia de explicaciones (algunas están relacionadas con la crisis económica, la irrupción de nuevos operadores, editoriales que venden directamente, supermercados que venden libros, piratería, etc…) ha faltado tiempo para que se señale a Amazon como el gran culpable de la situación de las librerías. De nuevo tenemos un blanco fácil: empresa norte-americana, global, digital, símbolo del capitalismo.Amazon

La irrupción de la tecnología digital y concretamente de un gigante como Amazon ha generado que libreros y lectores amantes de la librería tradicional clamen contra la voracidad de Amazon no tiene fin: se le acusa de vender libros aunque no les sea rentable para generar una extensa base de datos de clientes, de querer eliminar toda competencia, de malas prácticas con el personal, de vulnerar todas las reglas de juego, de hacer ingeniería fiscal para evadir impuestos. Buena parte de dichas acusaciones se recogen en el libro ‘En los dominios de Amazon’, por cierto además de en librerías, disponible para su venta en Amazon

Por todo ello algunos libreros tradicionales y lectores amantes del catastrofismo insisten una y otra vez que debemos plantearnos, si como sociedad queremos seguir contando con una diversidad editorial y un comercio cercano en vez de Amazon como gran proveedor de libros.

Por ello reclaman poner palos a las ruedas al gigante estableciendo una carga fiscal del 7% por ejemplo para cualquier producto, de manera que cuando el cliente acuda a un pequeña librería se pueda ahorrar ese coste adjunto, o se demandan y exigen todo tipo de medidas de protección

Hay sin embargo otros tipo de libreros amantes igualmente de la librería física y pequeña o mediana, se han lanzado al reto a competir con Amazon y con cualquiera que se ponga por delante. Saben que deben mejorar en servicio, en atención, en especialización, que deben organizar actividades (de cuentacuentos, conferencias, animación a la lectura y tantas otras acciones). Son conscientes que el reto es complejo y difícil y no quieren esperar que nadie ni nada les garantice su subsistencia. Prefieren, a pesar de les dificultades, apostar por la imaginación, la inventiva, la mejora de la gestión, la innovación y no les interesa caer en un discurso catastrofista más orientado a buscar un culpable de su situación (el capitalismo, los grandes operadores, el destino o el infortunio) que a mejorarla.

Y es que pese a las dificultades y al creciente discurso catastrofista, hay sin embargo librerías que sí pueden sobrevivir gracias a su especialización -temática, editorial…- por disponer de un público objetivo que busca trato personalizado, información y atención con criterio, ofreciendo valor donde Amazon no puede ofrecerlo de la misma forma.Amazon

Son empresarios libreros, claro está. Empresarios de la cultura que buscan clientes porqué saben que sin ellos no hay ni librería ni nada. Paco Camarasa, propietario de la Negra y Criminal, prestigiosa librería de la Barceloneta en Barcelona, especializado en novela negra, no lo podía haber explicado mejor ante su cierre inminente:

“hemos conseguido estar en boca de todo el mundo, así que la gente pensaba que nos iba bien, que nos iba de cine, y sí, nos iba de cine, pero de cine de terror. Una librería de culto de la que todos hablan pero en la que nadie compra. Nos hemos quedado sin clientes”.

Y es la pequeña gran librería Negra y criminal tenía muchos amigos y pocos clientes.

Quizás muchos de sus amigos andaban tan concentrados en denunciar la gentrificación, la turistificación de la ciudad o la competencia desleal de las plataformas digitales, que se olvidaron de comprar en ella…

 

Roger Sunyer

Roger Sunyer es politólogo (UAB) y Máster en Dirección Pública (ESADE). Impulsó la introducción de la Banca Ética en Catalunya con la fundación de FETS - Finançament Ètic i Solidari. Es consultor de economía social, cooperativa, colaborativa y gestión pública, profesor de la "Nueva economía urbana" a los programas de Ciudad y Urbanismo de la UOC, autor del libroHacia una economía ciudadana y fundador y principal editor de Alambins. Lloc Web | Twitter: @rogersunyer

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